El Koan Mu

Para estudio de textos budistas en general y Zen en particular.
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Roberto
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Re: El Koan Mu

Mensaje por Roberto » 11 May 2020, 15:34

Nos habíamos quedado con este koan, de Joshu y el perro, en la explicación que Joshu le da al primer monje, al cual cuando extrañado le dice que porque le ha respondido que "no" a la pregunta sobre si tiene el perro naturaleza de Buddha, le contesta: "porque tu mente le hace ser otra cosa". Ante lo cual el mismo Dogen aclara y profundiza el sentido de la explicación de Joshu
El sentido de la respuesta está ahí. Hacer que una cosa sea otra no es diferente al hacer de la mente. Pero además el hacer de la mente, a su vez, no es otra cosa que el hacer a una cosa ser otra. ¡Por tanto el cachorro es no! ¡La naturaleza auténtica es no! Si el hacer de la mente no ha encontrado todavía al cachorro, ¿cómo puede el cachorro encontrar la naturaleza auténtica? Junte o separe las manos, de principio a fin queda lo producido por el hacer de la mente.
El koan sin embargo prosigue, con un segundo monje que ante la misma pregunta recibe la respuesta contraria: "¡Si"", veamos esta continuación:
Joshu tenía un discípulo que le preguntó: ¿En el cachorro existe o no existe naturaleza auténtica?

Esta pregunta se funda sobre el hecho de que ese monje ha entendido el sentido del camino de Joshu y avanza con él. De hecho, el dar testimonio y preguntar acerca de la naturaleza auténtica de las personas de la vía es el te, es el arroz cotidiano en las casas de los buddha y de los patriarcas.
Joshu respondió: «Existe».

El carácter peculiar de este existe no está en el existe de los comentaristas de las escuelas que se basan sobre la interpretación de los textos, no está en el existe de los comentaristas de la escuela positivista. Continúa e investiga qué significa ser Buddha [la naturaleza auténtica]. Ser Buddha es ser Joshu; ser Joshu es ser el cachorro; ser el cachorro es ser la naturaleza auténtica.

El monje dijo: «¿Si es ser ya, para qué hacerlo entrar de nuevo a la fuerza en este saco de piel [yo]?».

¿Este ser del que el monje da testimonio es ser ahora, o es ser en el pasado, o es ser ya? Ser ya parece uno de los distintos modos de ser, sin embargo este brilla con una luz única. Preguntate: ¿Ser ya comporta que hay que hacerlo entrar a la fuerza, o que no hay que hacerlo entrar a la fuerza? Sabed que los comportamientos que hacen entrar a la naturaleza auténtica a la fuerza en este saco de piel, no tienen nada que ver con el tener que agudizar el ingenio a causa de pasos falsos realizados por capricho.

Joshu dijo: «Tu sabes hacer a una cosa ser otra, ¡por tanto profanas!». Esta es una expresión difundida y común en el mundo, desde hace tiempo; pero aquí es además testimonio en boca de Joshu. Con otras palabras es decir: ¡Lo sé, por tanto profano! La expresión no puede dejar de suscitar dudas, en no pocos. Acabamos de decir que la palabra entrar es de difícil comprensión, pero aquí esa misma palabra se convierte en superflua. De hecho, incluso si quieres conocer al monje inmortal entre los monjes, ¿puedes quizá alejarte de este saco de piel? El hombre inmortal, cualquier cosa que pienses que sea, de cualquier tiempo que quieras, ¿es quizá alguna vez distinto al saco de piel? Este ¡por tanto profano! no depende sin más de ser un saco de piel, como el hacer entrar con fuerza en el saco de piel por supuesto no depende de ¡Lo sé, por tanto profano! Porque se conoce, precisamente por ello, existe el ser ineludible de la consiguiente profanación. Sabed, esta consiguiente profanación cubre y custodia el esfuerzo de cada día hacia el completo despertar. Esto expresa claramente qué es hacer entrar con fuerza. El esfuerzo de cada día hacía el completo despertar, cuando es cubierto y custodiado de modo apropiado, cubre y custodia también en mí, cubre y custodia también en el otro. Aun siendo las cosas así, no decir que de ahora en adelante no puede huir [del profanar]. ¡Oh, hombre, que vas delante del asno, que corres detrás del caballo! Por ello el patriarca Ungo dice: «Siempre que uno ha aprendido y obtenido las cosas que tienen que ver con el dharma, fijaros, rápidamente la ilusión termina por apoderarse de su corazón».
En este caso, el segundo monje, digamos más avanzado, es conocedor de la respuesta que Joshu había dado al primero, es decir es "conocedor" de la "enseñanza" [del Joshu, maestro de ambos] de cómo, cuando la pensamos, convertimos la naturaleza auténtica en otra cosa, en cosa pensada. Como el mismo Dogen señala:
[...]ese monje ha entendido el sentido del camino de Joshu y avanza con él[...]
Sin embargo, ahora, la respuesta que recibe es la contraría: "¡Sí!", "¡Existe!"

En este caso la respuesta a la cual apunta Joshu está en la misma dirección que la dada al primer monje, pues este segundo monje, aunque su "conocimiento" esté más avanzado que el del primero, a convertido a su vez esta nueva etapa en la consecución de una meta, en un logro, a hecho del no saber un saber, profanando de nuevo la realidad tal como es con el pensamiento descriminativo.
Joshu dijo: «Tu sabes hacer a una cosa ser otra, ¡por tanto profanas!»
Añadiendo Dogen poco después la enseñanza de otro maestro, Ungo (Yunju Daoyin), que va en la misma dirección
«Siempre que uno ha aprendido y obtenido las cosas que tienen que ver con el dharma, fijaros, rápidamente la ilusión termina por apoderarse de su corazón».
Y, sin embargo, como todos estos practicantes nos enseñan, como el mismo Dogen india en su texto, a pesar de que nuestro decir sea profanar la naturaleza auténtica, hablar, reflexionar, "profanar" son al mismo tiempo partes ineludibles de la Vía, de la trasmisión, parte de la naturaleza de Buddha misma. Aunque al decir nos equivoquemos, hemos de decir, estamos obligados a proclamar con nuestro medios imperfectos aquello que no es imperfecto.

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Re: El Koan Mu

Mensaje por eduardo » 13 May 2020, 09:17

Según entiendo este koan Mu, todo es naturaleza auténtica. Lo sepamos o no. Practicamos zazen la vía, se supone o podemos percibir ciertos signos en nuestra vida y actitudes internas o tenemos una intuición básica que nos hace seguir practicando zazen porque así lo sentimos.

La consciencia en zazen funciona dese otro ámbito, hisiryo, más allá del pensamiento y del no pensamiento.
Volvemos a nuestra vida cotidiana, con nuestros marrones decisiones y interpretaciones necesarias de la realidad para poder actuar.

Usando terminología zen, se podría decir, que esas actuaciones están hechas desde nuestro ilusorio, y que este yo ilusorio, es de alguna manera también parte de la vía. Es decir que sin ese yo ilusorio no hay ni vía ni naturaleza auténtica.

eduardo
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Re: El Koan Mu

Mensaje por eduardo » 13 May 2020, 09:19

O mejor dicho, el yo ilusorio, también forna parte de la naturaleza auténtica.

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Roberto
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Re: El Koan Mu

Mensaje por Roberto » 13 May 2020, 11:40

eduardo escribió:
13 May 2020, 09:17
Según entiendo este koan Mu, todo es naturaleza auténtica. Lo sepamos o no. [...] Es decir que sin ese yo ilusorio no hay ni vía ni naturaleza auténtica.
Si Eduardo, así es. Todo es naturaleza auténtica, incluso nuestro yo ilusorio, pues también la ilusión tiene una realidad y la naturaleza auténtica no discrimina nada. Sin embargo, y esta es una de la paradojas del zen, y yo diría que en buena parte de todo el budismo Mahayna, a la vez hemos de realizar esa naturalesa auténtica trascendiendo nuestro yo ilusorio. Es dar un salto desde el yo ilusorio más allá de ese yo ilusorio, en una realidad sin exclusiones que no deja de incluir ese yo ilusorio.

Es como ese otro koan en el que un maestro le pide a su maestro que suba a un poste, y cuando ya está arriba, le dice que suba un poco más. Esto, de todas formas, no lo hemos de convertir en una pura y vacia narración poética, sino integrarlo cada dia en nuestra realidad cotidiana, en nuestros pequeños gestos. Cuidar y ocuparse de todo el universo no consiste en ser un Hercules y llevar los planetas, las galaxias, o los más de dos millones de infectados del Covid19 sobre la espalda, sino en cuidar de el trocito que AHORA tienes delante. Dogen esto lo expresa en el Tenzo Kyokun diciendo que con un trozo de simple verdura construimos templos de Buddha.

Carlos
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Re: El Koan Mu

Mensaje por Carlos » 13 May 2020, 16:06

"Es como ese otro koan en el que un maestro le pide a su maestro que suba a un poste, y cuando ya está arriba, le dice que suba un poco más. Esto, de todas formas, no lo hemos de convertir en una pura y vacia narración poética, sino integrarlo cada dia en nuestra realidad cotidiana, en nuestros pequeños gestos. Cuidar y ocuparse de todo el universo no consiste en ser un Hercules y llevar los planetas, las galaxias, o los más de dos millones de infectados del Covid19 sobre la espalda, sino en cuidar de el trocito que AHORA tienes delante. Dogen esto lo expresa en el Tenzo Kyokun diciendo que con un trozo de simple verdura construimos templos de Buddha."

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Roberto
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Re: El Koan Mu

Mensaje por Roberto » 19 May 2020, 14:36

Después de mis propias, y pobres, reflexiones, propondré ahora la relectura que hace de este koan Giuseppe Jiso Forzani. Antes de entrar en este nuevo comentario, sería tal vez apropiado que volviésemos al fragmento del Busshō de Dōgen, en el cual Dōgen, además de citar en extenso la historia de Joshu y el perro, nos ofrece su propia comprensión espiritual sobre el mismo. De este manera, además de refrescar la historia cara a leer los nuevos comentarios, podremos ver hasta qué punto estos pasajes, que nos parecían hasta ahora incomprensibles, han empezado a cobrar alguna nueva luz para nosotros, por lo menos en algunas de sus partes. La historia de Joshu y el comentario de Dōgen podéis releerlos aquí: viewtopic.php?f=4&t=63&start=20#p1352

La relectura de Jiso la dividiré en dos partes. En la primera, y antes de adentrarse en sus propias consideraciones, Jiso nos trae a su vez otros dos comentarios in extenso sobre este koan, aquel que hace Mumon en el Mumonkan, y un comentario de Nishiari Zenji:
Esta historia de Joshu y el perro es ciertamente uno de los koan más famosos. Aquel que se introduce en el camino que llamamos religioso no puede no enfrentarse, antes o después, con este koan. Añadiría incluso, cualquiera que tome en serio el hecho de estar vivo en este mundo, antes o después encuentra en su camino a Joshu y al perrito, incluso bajo un aspecto completamente diferente que no recuerda en nada a un viejo maestro budista chino y a un perro desconocido. No hemos por tanto de pensar que nos encontramos ante una cuestión ociosa con la que se entretiene gente ociosa, a la manera de aquel que se pregunta sobre el sexo de los ángeles o sobre la fecha del fin del mundo. La pregunta del monje y la respuesta de Joshu nos colocan en el centro de una encrucijada crucial: por un lado, allí donde parece no haber nada más que un salto en el vacío; por el otro, allí donde parece haber un pasaje tranquilo y fácil.

Proponemos dos comentarios a este koan, entre tantos que han sido propuestos desde que Joshu vivió hasta hoy. El primero está al comienzo del Mumonkan [La entrada sin puerta], una de las más famosas colecciones de koan con comentarios, obra del maestro zen chino Wu-men (Mumon Ekai, 1183-1260). En el prefacio señala que ha reunido cuarenta y ocho koan, extraídos de los testimonios de los antiguos maestros a petición de los monjes del monasterio en el cual era maestro de novicios, y que sentían la necesidad de una indicación para su camino ejemplificada por las expresiones, por las palabras, por los gestos de sus predecesores. Afirma explícitamente no haber dado un orden particular a a la colección, por lo que los koan no se ordenan por orden de importancia o por dificultad de comprensión. El de Joshu y el perro es el primero de la colección. Usamos aquí, con algún retoque, el texto publicado por Adelphi en 1980, en el libro Mumon – La puerta sin puerta, que utiliza la traducción en inglés a cargo de Nyoghen Senzaki y Paul Reps.

«Un monje preguntó a Joshu: “¿Un perro tiene la naturaleza auténtica o no? Joshu respondió “No”»

Comentario de Mumon: «Para realizar el Zen es necesario sobrepasar la barrera de los patriarcas. La iluminación viene siempre después de que el camino del pensamiento se haya agotado. Si no superáis la barrera del los patriarcas, o si vuestro camino de pensamiento no está agotado, cualquier cosa que penséis, cualquier cosa que hagáis es como un espectro que se interpone en vuestro camino. Preguntaréis: ¿Qué es la barrera de un patriarca? Es esta única palabra: No.
Esta es la barrera del zen. Si vosotros la superáis, veréis a Joshu cara a cara. Entonces podréis trabajar cogidos del brazo con la descendencia entera de los patriarcas. ¿No es algo grandioso?

Si queréis superar esta barrera, tenéis que trabajar con todos los huesos de vuestro cuerpo, con todos los poros de vuestra piel, llenos de esta pregunta: ¿Qué es No?, y mantenerla dentro de vosotros día y noche, No creáis que es el habitual signo negativo que significa nada. No es la nada, el contrario de la existencia. Si queréis verdaderamente superar esta barrera tenéis que sentiros como si bebieseis una bola de hierro al rojo vio que no podéis ni tragar ni escupir. Entonces hasta el más pequeño conocimiento que tuvieseis antes desaparece. Como un fruto que madura en el tiempo adecuado vuestra subjetividad y vuestra objetividad se convierten naturalmente en una sola cosa. Sabe qué ha soñado, pero no puede contarlo. Cuando él entra en esta condición la cascara de su yo se rompe y puede sacudir el cielo y mover la tierra. Es como un gran guerrero de espada afilada. Si Buddha está en su camino, él lo abate; si un patriarca le opone un obstáculo, él lo mata; y a su modo será liberado de nacimiento y muerte. Podrá entrar en cualquier mundo, como si fuese su terreno de juego. Cómo podríais conseguirlo también vosotros, os lo diré así:

Concentrad toda vuestra energía en este No, y no os concedáis la mínima interrupción. Cuando hayáis entrado en este No y no existan interrupciones, aquello que habréis obtenido será como una vela que arde e ilumina todo el universo entero.
¿Un perro tiene la naturaleza auténtica?
Esta es la más seria de todas las preguntas. Si tu dices sí, si tu dices no, pierdes tu propia naturaleza auténtica».


El segundo comentario son las palabras del maestro japonés Nishiari Zenji (1821-1910), gran comentarista del Shoboghenzo de Dōgen, extraída de la recopilación de sus sermones.

«Dōgen nos dice que aclaremos el verdadero sentido de esa pregunta. Y para decir cómo aclararlo os dice: Sabed con certeza que el cachorro es un perro, claro y redondo, sabed con certeza que la piedra es una piedra, que el hombre es un hombre. Entonces, viendo así, en cuanto a vida y muerte, está bien saber que la vida es vida, que la muerte es muerte. Pero la gente las ve como antítesis y por ello se confunde siempre. Basta saber que el cachorro es un perro. No existe el más pequeño error. La noche es noche, el día es día, el sermón es el sermón, la escucha es escucha. Está bien así. Dice un antiguo: “Clara evidencia, total transparencia”. Convertirse en el ser de cada momento a cada momento es la ley del universo que es así instante tras instante. En verdad, si caminamos viendo que el cachorro es perro, el padre es padre, el hijo es hijo, entre cielo y tierra no existe siquiera una sola cosa equivocada. Este es el lugar al que dirigirse en peregrinación. Desenmascarar y penetrar la cuestión central que es la vida y la muerte es un problema común a todos, pero observemos atentamente este desenmascarar y penetrar. Si lo observamos separando no surge en absoluto la aspiración, no existe el espíritu de la vía.
Antes que nada observemos atentamente la gran separación. El agua caliente y el agua fría no se encuentran en absoluto. El agua caliente caliente ignora el modo de ser del agua fría. El agua fría es fría, el agua caliente es caliente. Aun si son la misma cosa están enormemente separadas. El agua caliente es la completa función de agua caliente, el agua fría es completa función de agua fría. Si enciendo el fuego el agua se hace caliente, ya no sabe nada sobre el agua fría. O también, si no se enciende el fuego, el agua fría es para siempre agua fría. Así es la entera función de vida y muerte de los seres humanos. En el tiempo de la muerte, la vida no muestra en absoluto su rostro. En el tiempo de la vida, no se muestra en absoluto la muerte. Distancia insalvable. Así es también para cada pensamiento individual de los hombres.

La insalvable distancia es que primero existe el pensamiento “¡canalla!”, después existe el pensamiento “¡mi señor!”. La persona común, con su modo común de ver, piensa siempre de este modo. Existe vida, piensa muerte, existe muerte, piensa vida. Esto es la ilusión. Sobre esta base es imposible la paz del corazón. Vida y muerte están entre si incalculablemente lejanas. Nunca se ha dado que el pensamiento precedente y el siguiente se hallan encontrado. Desde el comienzo del universo absolutamente nunca vida y muerte están a la vez juntas. Por esto la vida es función completa, la muerte es función completa. Esto es verdaderamente desenmascarar y penetrar vida y muerte. Este es el lugar de la paz del corazón. Entonces, la expresión el cachorro es el perro significa ver dentro de la naturaleza auténtica en su propio lugar, abandonando del todo la visión doble de la finitud y de la continuidad.»

Carlos
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Re: El Koan Mu

Mensaje por Carlos » 20 May 2020, 09:15

Sabed con certeza que el cachorro es un perro, claro y redondo, sabed con certeza que la piedra es una piedra, que el hombre es un hombre. Entonces, viendo así, en cuanto a vida y muerte, está bien saber que la vida es vida, que la muerte es muerte. Pero la gente las ve como antítesis y por ello se confunde siempre. Basta saber que el cachorro es un perro. No existe el más pequeño error. La noche es noche, el día es día, el sermón es el sermón, la escucha es escucha. Está bien así. Dice un antiguo: “Clara evidencia, total transparencia”. Convertirse en el ser de cada momento a cada momento es la ley del universo que es así instante tras instante.
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Re: El Koan Mu

Mensaje por Daido » 20 May 2020, 10:21

Sin entrar en el meollo de la cuestión, es imposible saber lo que es el Mu de Joshu. Mumon en su comentario no entra en disertaciones, ni consideraciones filosóficas. Solo enseña cómo practicar el Mu. Naturalmente, algún tipo de impulso inicial es necesario, no basta con el comentario de Mumon, ni de ningún otro. Alguien (un maestro, con "M" o con "m") tiene que ser quien plante la semilla. Nunca he oído de nadie que se plante la semilla el mismo, pero posiblemente hoy se pueda llevar a cabo el proceso, por teléfono. Por qué no? Quizás baste con una simple conversación telefónica.

Cuando la semilla ha sido plantada, esta crecerá con seguridad, si cae en buena tierra, y si se cuida y se riega. El maestro debe comprobar que crece convenientemente, sí, pero existen casos sonoros de personas en el pasado, que tuvieron el kensho sin ayuda ninguna. Un famoso practicante chino, de hace siglos y siglos, tuvo el despertar cuando, barriendo, una piedra chocó contra un bambú. El sonido "chak", bastó para que sucediese el kensho (en su caso, seguramente, un gran kensho). El sonido desencadenó el proceso. Cuando la fruta está madura, cae al suelo por sí sola.

Pero más a menudo, el despertar llega en la misma sala de dokusan con el maestro. El maestro no es un simple amigo dharma, es más que eso. Tiene que ser alguien que haya experimentado el kensho, y lo haya madurado durante años. El kensho, en el Zen, se obtiene tradicionalmente con la práctica de un koan (el Mu, generalmente, o el "quien?"). No es un asunto filosófico, ni un juego de palabras. Es algo muy real. En palabras de una de mis maestras (Geshin Roshi, fallecida hace muchos años, ya), es un asunto de vida o muerte. No es algo para disertar y, mucho menos, para demostrar cuanto se sabe de zen. No dudo que Dogen tuvo razones mejores que esa, cuando diserto sobre el Mu. Pero, obviamente, yo no soy Dogen. No entraré en disertaciones filosóficas o doctrinales.

🙏

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Re: El Koan Mu

Mensaje por Roberto » 20 May 2020, 13:29

Existen tres maneras de abordar la literatura zen, incluidos los koan.

1) Como textos dirigidos a la profundización y a la confrontación espiritual entre nuestra experiencia de vida en tanto que practicantes y la de aquellos que nos han precedido, siendo esta forma de abordarlos la mayoritariamente practicada en todas las escuelas zen. Aquí la lectura y la expresión de la propia experiencia buscan ir a la par, entrar en sintonía. Esta manera de abordar la literatura religiosa propiamente zen, ha sido practicada desde los orígenes de las colecciones de koan, a comienzos del s. VII.
2) la indagación del hua-tou (la cabeza de palabra), donde se busca la obtención de una experiencia particular, llamada kensho em japonés. Aquí el koan no es contemplado en su totalidad en tanto que mensaje espiritual, sino que el practicante se concentra en un pequeño fragmento, a veces una sola palabra, desentendiéndose del resto del mensaje. Es la propugnada por Dahui, en la China del s. XII, y posteriormente por Hakuin, en el Japón del s. XVIII. Esta forma de abordar los koan es propia de una buena parte de la escuela Linji, en China, llamada posteriormente Rinzai en Japón, así como de aquellas escuelas a ella asociadas, Obaku, Sambo Kyodan, etc,
3) Abordar el koan desde un punto de vista formal, cultural y filosófico, propia de eruditos y estudiosos. Esta última, si bien puede desvelar aspectos circunstanciales de los koan, es una práctica de caracter intelectual, y no busca un fin espiritual y religioso.

Obviamente las tres son maneras lícitas de encarar y abordar estos textos; si bien solo las dos primeras pueden clasificarse de prácticas orientadas a un objetivo espiritual.

Carlos
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Re: El Koan Mu

Mensaje por Carlos » 20 May 2020, 17:42

La insalvable distancia es que primero existe el pensamiento “¡canalla!”, después existe el pensamiento “¡mi señor!”
:lol:

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