Nagarjuna

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Ananda
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Nagarjuna

Mensaje por Ananda » 04 Nov 2019, 22:52

Hola, abro este hilo para comentar sobre Nagarjuna, quien fuera mi primer contacto con el budismo. Hace de esto muchos años, y quisiera recordar las líneas maestras de su enseñanza. Quizá @Roberto pueda ayudarme, creo recordar que en el extinto foro Bosque del Dhamma expuso algunas ideas clave del pensamiento de este excepcional maestro.

Copio a continuación un enlace que resume algunas de estas ideas: https://es.slideshare.net/jordigarrigosa/nagarjuna1

Saludos y metta :)

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Roberto
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Re: Nagarjuna

Mensaje por Roberto » 05 Nov 2019, 20:17

Hola @Ananda. La verdad es que no soy ningún experto en Nagarjuna. Aunque sus Estancias sobre la vía del medio es un texto al que me he enfrentado múltiples veces, en realidad su lectura siempre me ha resultado farragosa. Los requiebros lógicos del tetralema me resultaban escolásticos, y hacían que pronto perdiera la atención y el hilo.

Sin embargo, la última vez que lo abordé, lo hice con otra actitud. No se porque, comencé a leerlo, lo cual puede resultar extraño, como si se tratase de un manual de zazen. Un poco como aquello que decía Kodo Sawaki de que toda la literatura religiosa budista no era sino una nota a pie de página de zazen, y desde entonces empezó a brillar con una luz nueva. Pero de ahí a que pueda reflejar esa luz como si fuera un espejo todavía me falta un poco.

Sin embargo, por si te interesa, recientemente estoy acabando la traducción del Bussho (La naturaleza auténtica - o de Buddha) de Dogen, realizada y comentada por Jiso Forzani, y allí aparecen un par de capítulos sobre Nagarjuna, con ciertas resonancias, como no podía ser de otra manera, con el texto sobre shikantaza que estamos viendo en otro hilo. Si te interesan podría colgarlos aquí.

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Ananda
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Re: Nagarjuna

Mensaje por Ananda » 05 Nov 2019, 22:26

Sí por favor, cópialos aquí. Muchas gracias @Roberto.

Metta :)

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Roberto
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Re: Nagarjuna

Mensaje por Roberto » 06 Nov 2019, 10:55

A petición de @Ananda colgaré aquí aquellos fragmentos del Busshō de Dogen relativos a Nagarjuna. Esta obra de Dogen ha ha sido traducida desde el japonés al italiano y comentada por Giuseppe Jiso Forzani, y cuya traducción al castellano estoy acabando en estos días. Busshō quiere decir "Naturaleza de Buddha", o, en la elección de traducción de Jiso Forzani, "Naturaleza auténtica", siendo precisamente al análisis de esta cuestión central a la que dedica Dogen esta obra, a través del ejemplo y el testimonio de sus predecesores. El primero de lo fragmentos, que cuelgo hoy, es la primera parte en la que Dogen habla sobre Nagarjuna. Siendo un poco largo, cuelgo primero el texto de Dogen y posteriormente colgaré el comentario de Jiso Forzani, dando así la oportunidad a los lectores de afrontar primero el texto de Dogen sin filtros ni explicaciones complementarias... aunque pronto veremos que estas nos son necesarias. :D
El catorceavo patriarca, en sánscrito, es Nagarjuna y, en japonés, es Ryuju Sonja, que significa el venerado Dragón Árbol. En China, además de Ryuju (Dragón Árbol), también es llamado Ryo Sho (Dragón Victorioso), o bien Ryu Myo (Dragón Feroz). Nacido en la región occidental de la India, se trasladó a la meridional. Muchas personas de esta región creían en la felicidad mundana. Por ello el venerado expuso la maravillosa ley. Aquellos que escuchan se dicen el uno al otro: Para el hombre tener la felicidad mundana es lo primero en el mundo. ¿En cambio, quién, por mucho que hable de la naturaleza auténtica con ardor, ha podido verla nunca?

El venerado dice: «quien desea ver la naturaleza auténtica, en primer lugar debe quitar de en medio el campar libremente del yo».
Aquellos dicen: «¿La naturaleza auténtica es grande, es pequeña?».
El venerado dice: «La naturaleza auténtica no es ni grande ni pequeña, ni ancha ni angosta, no es ni fortuna ni recompensa, la naturaleza auténtica no muere, no nace».
Aquellos, oyendo palabras que vencen sus razonamientos, uno a uno comienzan a convertir el corazón.
El venerado después, sentándose, manifiesta la autenticidad de su cuerpo, similar a la esfera de la luna llena. Todos los allí reunidos oyen solo la voz que proclama la ley, pero no ven el aspecto del maestro.

Entre los reunidos está el noble Kanadaiba, que les dice: «¿Percibís o no su aspecto?».
Responden: «En estos momentos no existe nadie que vean nuestros ojos, que oigan nuestras orejas, es por nuestro corazón que entendemos; ¡no existe otro lugar en nuestro cuerpo en el que habitar!».
Kanadaiba dice: «Precisamente esto es el venerado. Que, encarnando el aspecto de la naturaleza auténtica, no lo muestra. ¿Cómo podemos reconocerlo? Mirad, la profunda paz que está más allá de toda forma, se manifiesta como forma de la luna llena. ¡La exactitud de la naturaleza auténtica se refleja por todas partes de modo claro!»
Como termina de hablar, súbitamente el aura se oculta. Sentado de nuevo sobre el cojín recita este verso:

«Encarnando en el cuerpo la forma de la redonda luna
de este modo yo manifiesto
el multiforme cuerpo auténtico.
No tiene forma este anuncio
ni sonido ni color esta función»

Sabed que esta verdadera función no corresponde a estos o aquellos sonidos y colores [a la experiencia sensorial]. Aquel verdadero anuncio es ninguna forma determinada. Es aquella incalculable cantidad de formas a través de las cuales en el pasado el venerado ha testimoniado la naturaleza auténtica. Aquí brevemente expongo una parte de esta cantidad. Quien desea ver la naturaleza auténtica, ante todo debe quitar de en medio el campar libremente del yo. Parémonos a investigar cual es el significado fundamental contenido en esta afirmación y en ese testimonio. Ten en cuenta que no ha dicho no ver; más bien el ver mismo es precisamente este quitar de en medio el campar libremente del yo.

Yo no es de un solo modo; campar libremente es igualmente multiforme. Además los modos de quitar de en medio son infinitos y diversos. Sin embargo, todos son ver la naturaleza auténtica. ¡Se convierte en ojo que ve, se convierte en pupila que escruta!

En cuanto a la enseñanza la naturaleza auténtica no es grande, no es pequeña, no te alinees a las personas mundanas ni a los discípulos del Theravada. Si piensas, según prejuicios rancios, que la naturaleza auténtica sería solo algo ilimitadamente grande, siempre acumulas más ideas desviadas. En cambio pon en práctica sin impedimentos el principio de adherirse a la vía momento a momento, en la forma justa de cada momento, sin estar condicionado por grande o pequeño. Realiza la escucha atenta; y esto vuélvelo pensamiento atento. La escucha hecha pensamiento, ¡ponla después en funcionamiento!

Parémonos un poco a escuchar y considerar el verso con el que el venerado indica la vía: encarnando en el cuerpo la forma de la redonda luna, de este modo yo manifiesto el multiforme cuerpo auténtico. Los multiformes cuerpos auténticos se manifiestan convirtiéndose cada uno en el propio cuerpo; por esto son forma de la redonda luna. ¡Es así! Por tanto el ser largo o corto, cuadrado o redondo de cada cosa, es entendido como ser el propio cuerpo. Poner al revés y enajenar cuerpo y ser, no es solo una mancha oscura en la forma de la luna llena, es estar fuera del multiforme cuerpo auténtico [de Buddha].

El tonto piensa que el venerado se muestra como luna llena porque asume a propósito esa forma, esta es la concepción errónea de aquellos discípulos así de insignes en el no abrirse a la vía de Buddha. ¿En qué tiempo de cuál lugar existe algo que se realiza como otra cosa que no sea su cuerpo? Sabed de verdad que en aquella ocasión el venerado simplemente estaba sentado sobre el cojín. Su forma de ser cuerpo no difería de como a día de hoy cualquiera se sienta. Precisamente este ser cuerpo es ser la forma de la luna llena. Ser cuerpo no es ser cuadrado o redondo, ni ser o no ser, ni aparecer o desaparecer, no es los ochenta y cuatro mil agregados; es simplemente ser cuerpo. La luna de la forma de la luna llena es esa luna que te hace decir es suave, es rugoso, según el lugar donde te encuentres. Dado que este ser cuerpo es quitar de en medio el campar libremente del yo, no pertenece a Nagarjuna, sino que es el cuerpo de todos los buddha. Dado que es manifestación directa, se transparenta a través del cuerpo de todos lo buddha. Por este motivo ni siquiera está limitado al ámbito de los buddha. Incluso si para expresar la naturaleza auténtica la representamos con la figura de la luna llena, no se trata de coleccionar figuras de lunas redondas. Por tanto la predicación de la vía no es una voz que se oye, ni un color que se ve; el ser cuerpo no es cuestión de materia y espíritu, no es un fenómeno del mundo de los agregados. Incluso si existe una semejanza con el mundo de los agregados, es manifestación directa, es el multiforme cuerpo auténtico. Es el agregado que predica la vía; es la forma que es no esa forma. Cuando a la forma no reducible a esa forma se añade la profunda paz que está más allá de toda forma, entonces existe ser cuerpo. Aun cuando la gente desease ver la figura de la luna redonda, en aquel momento nada visible aparecía a sus ojos. Este es el punto que pone en movimiento el agregado que predica la vía, es el cuerpo que se hace presente de manera libre, más allá de los sonidos y colores. Sea que de repente se esconda o de repente reaparezca, es el ir y venir de su circular figura.

De nuevo se sienta y manifiesta su cuerpo auténtico; este es el verdadero cómo y el verdadero cuándo, en el que todos los reunidos oyen la única voz que proclama la ley, y en el cual no existe rostro del maestro que ver.
El discípulo del venerado, el noble Kanadaiba, claramente ha entendido qué es la imagen de la luna llena, ha entendido qué es la imagen de la luna redonda, ha entendido qué es ser cuerpo, ha entendido qué es la multiforme naturaleza auténtica. Incluso si aquellos que han entrado en una relación de de intimidad y han vaciado el vaso de la trasmisión son una multitud, no pueden compararse a Kanadaiba. Kanadaiba se convierte en el vicario del venerado, el guía de los novicios, se convierte en parte integrante de la entera cadena de la trasmisión. El modo con el que trasmite la insuperable gran norma que custodia la verdadera visión de la vía, es similar a la originaria trasmisión del venerable Makakasho sobre el monte Buitre.

Antes de convertirse, cuando estaba todavía bajo la ley del error, Nagarjuna tenía muchos discípulos; los licenció a todos. Después, ya convertido en patriarca, hizo únicamente de Kanadaiba el heredero de la trasmisión y le consignó oficialmente la custodia de la visión de la gran ley. Aquella fue la única trasmisión de la vía auténtica sin igual. Sin embargo, una molesta legión de fanfarrones andaba proclamando: «También nosotros somos herederos del gran bodhisattva Nagarjuna». Muchos de los textos compilados y de los axiomas recogidos bajo el nombre de Nagarjuna no son obras de su mano. La legión de aquellos discípulos por él licenciados metió confusión y escándalo en el cielo y en la tierra. Hay que saber que aquellos discípulos de la vía que no están en el hilo directo de Kanadaiba están también fuera de la vía indicada por Nagarjuna. Solo quien cree de la manera correcta alcanza la vía recta. Sin embargo muchos son aquellos que, aun conociendo aquello que es falso, lo reciben y lo trasmiten. ¡Desprecian la gran sabiduría y son multitud! ¡Que compasión da este prosperar de la estupidez!

A propósito de esto el venerado Kanadaiba indicó a sus discípulos el ser cuerpo del maestro Nagarjuna y dijo: «Precisamente esto es aquel venerado que, encarnando el aspecto de la naturaleza auténtica, nos la muestra. ¿Cómo lo podemos saber? De hecho, la profunda paz que está más allá de toda forma se manifiesta en la forma de la luna llena. La exactitud de la naturaleza auténtica aparece por todas parte de manera clara». ¿Ahora, quién nunca, sea entre las personas elevadas hasta el cielo, sea entre los hombres de aquí abajo, sacos de piel, conociendo o no la ley de Buddha que fluye en los mil mundos, ha dado testimonio de que la forma misma del ser cuerpo es la naturaleza auténtica? Solo el venerado Kanadaiba en los mil mundos ha dado testimonio. Todos los demás están limitados a tan solo dar testimonio de que la naturaleza auténtica no es ni el ojo que ve, ni la oreja que oye, ni el corazón que conoce. No han podido testimoniarlo, porque no sabían que ser cuerpo es la naturaleza auténtica. No porque el patriarca haya sido avaro de enseñanza, sino porque no eran dignos de ver y sentir, estando sus ojos y orejas obstruidos. De la misma manera que no existe todavía el conocimiento con el cuerpo, no son todavía capaces de discernir. Cuando observamos y veneramos en la forma de la luna llena la manifestación de la paz profunda que está más allá de toda forma, entonces sucede que el ojo no tiene ningún lugar (fijo) que ver. Esto es la exactitud de la naturaleza auténtica aparece por todas partes de manera clara.

¡Así es! El ser cuerpo indica la naturaleza auténtica. Por esto se dice de manera clara, por ello se dice transparente por todas partes. Decir: de este modo yo manifiesto el multiforme cuerpo auténtico no es otra cosa que decir la naturaleza auténtica es ser cuerpo. ¿Cuando hubieron nunca uno o dos buddha que no tradujeran en cuerpo auténtico la expresión de este modo yo manifiesto? El cuerpo autentico es ser cuerpo, el ser que es ser cuerpo es la naturaleza auténtica. Incluso aquella potencia propia de los buddha y de los patriarcas, con la que han testimoniado y comprendido la sustancia constitutiva del las cosas y su forma de agregados, es obra que emana del ser cuerpo. El multiforme cuerpo auténtico es como el mundo de los agregados. Todo mérito es este mérito. El mérito auténtico es agotar hasta el fondo este ser cuerpo y abrazarlo. Todo es el ir y venir inconmensurable e ilimitado de este mérito. ¡Es eso, es obra que emana del ser cuerpo!

Sin embargo desde el tiempo del maestro Nagarjuna y del discípulo Kanadaiba, de todos los personajes que durante generaciones y generaciones en cualquier lugar de los tres países [India, China y Japón] han aprendido del modo exacto la vía de Buddha, ninguno lo ha testimoniado como Nagarjuna y Kanadaiba. ¡En cambio, cuantos especialistas y comentadores de Sutra caminan con el pie equivocado y se salen de la vía de los buddha y patriarcas! En China, desde la antigüedad, han buscado describir la relación que mueve la realidad, pero no dieron en el blanco dibujando el cuerpo ni el corazón, ni tampoco dibujando el vacío ni el muro. Con la punta de pincel trazaban la figura de un círculo con forma de espejo sobre el cojín, y malogradamente lo hacían consistir, para ellos, en la forma de la luna redonda del ser cuerpo de Nagarjuna. Ahora, con la escarcha de siglos y siglos, las flores se han abierto y se han caído; mientras tanto todos esos alardean de hacer de esta enseñanza el fragmento de oro de su ojo, pero en verdad no existe ni uno que comprenda el ser. ¡Cuanta compasión da! ¡Todas las desviaciones suceden así! Tomar un círculo redondo por la imagen de la luna redonda del ser cuerpo, es como tomar la pintura de un moci [bola de arroz] por el moci real. ¡Qué tomadura de pelo, hace reír hasta morir! ¡En realidad, hay de lo que llorar! Entre laicos y monjes ni siquiera uno escucha y comprende la palabra de Nagarjuna, sigue y señala la vía de Kanadaiba. Dicho de otra forma, es porque no tienen familiaridad con el ser cuerpo. Están a oscuras de la luna redonda, convierten en ausente la luna llena. Es el comportamiento de quien se dirige hacia la antigua enseñanza de modo negligente, de tal manera no llega a encariñarse concretamente con aquella antigua enseñanza. Vosotros buddha del pasado, vosotros buddha del presente, dado que conocéis el verdadero ser cuerpo, no perdáis tiempo entretenidos alrededor de una bola de arroz pintada.

En verdad, para dibujar la imagen de la luna redonda que es ser cuerpo, es necesario que sobre el cojín se siente la imagen que es ser cuerpo. El levantar la pestaña, el mover el ojo deben mantenerse como fenómenos completamente naturales. La custodia de la visión auténtica, que es piel, carne, huesos y médula, no es otra cosa que sentarse inmóviles. Por tanto rompe esa cara rígida y sonríe. Es así como se construye el Buddha, es así como se construyen los patriarcas. ¿Sabes por qué aquello que está pintado no se convierte nunca en la imagen de la luna? Porque no actúa la imagen viva, ni anuncia la verdadera norma, ni tiene voz y colores, y no es poner en práctica. Si dibujas la imagen de la luna redonda, debes dibujar la imagen de la figura redonda que es el ser cuerpo que es la imagen de la luna redonda. Dibujar la la imagen de la luna redonda es volver presente la imagen de la luna llena, es volver presente la imagen de la luna llena. Por ello si no dibujas el ser cuerpo, si no dibujas la imagen de la luna redonda, si no dibujas la imagen de la luna llena, si no trazas el mapa del multiforme cuerpo auténtico, si no das cuerpo a de este modo yo manifiesto, si no trazas el mapa del anuncio de la verdadera norma, sino que te contentas inútilmente trazando el dibujo de un moci sobre una hoja, ¡dilo! ¿Qué estas haciendo? Observa con cuidado, con ojo rápido y perspicaz; ¡ve quién es el que inmediatamente llega a saciarse y no sufre más el hambre! La luna es la fisonomía del ser redondo, el ser redondo es el ser cuerpo. Si quieres aprender el ser redondo, no lo aprendas como el redondo de una monedita, no lo aprendas como el redondo de un moci. La forma es el cuerpo de la luna redonda, la imagen viva es la imagen viva de la luna llena. La monedita y el moci, ¡apréndelos de este ser redondo!

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Ananda
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Re: Nagarjuna

Mensaje por Ananda » 06 Nov 2019, 21:27

Gracias @Roberto. Voy a leer con sumo interés todo el contenido que aportes al hilo.

Gassho :)

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Roberto
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Re: Nagarjuna

Mensaje por Roberto » 07 Nov 2019, 19:35

Os cuelgo ahora el comentario del traductor, Jiso Forzani, al fragmento del Bussho de Dogen sobre Nagarjuna, que vimos hace dos entradas

Dōgen continúa exponiendo el significado de naturaleza auténtica por boca de los grandes maestros, patriarcas, santos del pasado. Ha comenzado, obviamente, por Śākyamuni Buddha, ha seguido en la India con el patriarca Aśvaghoṣa, y ha pasado a Bodhidharma y a los grandes maestros chinos, hasta Hui Neng. Ahora vuelve a la India, a una de las figuras más importantes de la historia del budismo, al gran maestro indio Nagarjuna, que vivió alrededor del siglo I d.C. No hay escuela del budismo Mahayana que no lo honre como representante y patriarca propio. En efecto Nagarjuna encarna la revolución que ha permitido al budismo salir de la dimensión de la India para dirigirse indistintamente a la humanidad, al hombre, más allá y antes de cuál sea su nacionalidad. Como Pablo de Tarso, ha abierto el Evangelio a los gentiles, a los paganos, a los extranjeros más allá del pueblo elegido, a los no hebreos. Nagarjuna ha derrumbado la barrera no menos sagrada y sólida que mantenía separado al pueblo elegido indio de todos los demás. Y si Pablo se ha servido, o mejor, se ha puesto al servicio, del concepto de gracia para hacer comprender como el Evangelio es de todos y para todos, Nagarjuna se ha servido, se ha puesto al servicio, del concepto de sunnyata (vacío) para hacer comprender que la naturaleza auténtica es todo de todos.

La indicación de que Nagarjuna, nativo de la India occidental, se desplazó después a la India meridional no es una simple indicación geográfica. En la simbología india el continente indio, que representa todo el mundo, está dividido en cuatro regiones (Sur, Norte, Este, Oeste) abitados por cuatro especies distintas de hombres, catalogados según su desarrollo espiritual (y las castas indias recalcan esta concepción). Los habitantes de cada región están dotados de una capacidad mayor o menor para comprender el mensaje religioso. El Sur es señalado como la región de aquellos que consideran el bienestar como el objetivo a alcanzar en la vida, se asemejan a ciertas personas de las naciones ricas, vueltos un poco obtusos por la opulencia y apegados tenazmente a la felicidad mundana como el bien primario a conseguir. Nagarjuna, movido a la compasión por la estrechez de esta forma de pensar, se dirige a predicar en medio de ellos.

El tema del discurso es el ver. Podemos resumirlo así: Las personas que escuchan el sermón, que habla de la naturaleza auténtica, objetan que el bienestar material da satisfacción porque se ve, porque es tangible, mientras que la naturaleza auténtica es aleatoria, ¿quién la ha visto jamas? Nagarjuna replica que es equivocado creer que la naturaleza auténtica de cada cosa sea aleatoria por el solo hecho de que no sea algo que ver, es la manera de ver la que debe ser transformada. No se trata de volver visible lo invisible, sino de cambiar la propia forma de ver. Es necesario quitar de en medio el dominio del yo. El yo hace de amo cada vez que el prejuicio, los convencionalismos, el hábito, velan el encuentro directo con la realidad de cada momento. Lo grande y lo pequeño, lo limitado y lo ilimitado, lo sagrado y lo profano, el mérito y el demérito, la vida y la muerte son meras definiciones cuando no son sino los nombres de categorías que yo aplico a la realidad en base a una forma de ver esquemática. Ahí no circula la realidad sino las ideas sobre la realidad. El yo establece así su dominio, no es solo egoísmo o egocentrismo o búsqueda del provecho personal, es algo mucho más sutil. Un filtro, un sutil velo que asume las más variadas formas, pero que hace siempre de diafragma entre mí y la realidad. La naturaleza auténtica es la disolución de este diafragma. Comprender esto es el comienzo de la conversión, una forma de ver completamente nueva, un ver por primera vez. He ahí entonces que aun viendo no ven. Se desmoronan las perspectivas normales, las formas habituales y se revela la verdadera forma, esa forma sin forma que ilumina toda forma, como la luna llena con su luz clara y delicada ilumina todos los sitios en una noche serena. Así es la persona sentada en zazen. Allí donde el abandono de toda convicción es total, cada cosa asume el rostro que le es propio: claro, evidente y límpido, sin necesidad de añadidos y comentarios. De esa forma que está más allá de toda forma proviene la palabra que está más allá de todo sueño.
No tiene forma este anuncio, ni sonido ni color esta función. Solo yendo más allá de las formas, los sonidos, los colores que llenan nuestros ojos y nuestras orejas es posible oír el anuncio en toda forma, descubrir la función todo sonido y en todo color.

«Quien desea ver la naturaleza auténtica, sobre todo debe quitar de en medio el dominio del yo […] Observa que no se dice no ve: más bien el ver mismo es precisamente este quitar de en medio el dominio del yo».
Nuestro ojo, precisamente el ojo físico, nos enseña con su funcionamiento cómo ver. «La lámpara del cuerpo es el ojo; así que si tu ojo está claro, todo tu cuerpo estará en la luz» (Mt 6.22). El ojo puede ver millones de veces la misma cosa, pero cada vez que la ve es esa vez, no se sedimenta nada, la visión de antes no obstaculiza la de después. El ojo sabe, sin saber, que incluso si ve millones de veces la misma cosa nunca es la misma durante millones de veces, y ni siquiera durante dos veces tan solo: la montaña que veo desde la ventana de casa, no es en efecto nunca la misma montaña. Esto mi ojo lo sabe, él me lo enseña. Existe el testimonio de quien ha sido ciego de pequeño y a continuación ha adquirido la vista con una operación quirúrgica, contando la conmoción que desde el ojo invade el espíritu cada vez que ve los colores, la profundidad de las cosas, los juegos de la luz. Pero el hábito de ver ofusca la vista: es yo que domina e impide ver:
«¡Conviértete en ojo que ve, conviértete en pupila que escruta!».

«El principio que no obstruye el aprendizaje del ser ahora aquello que es, no condicionado por grande y por pequeño. Ahora, como lo estás escuchando, piénsalo. La escucha hecha pensamiento, ¡ponla en funcionamiento!». Nosotros solemos identificar la libertad con nuestra idea de libertad, imponemos a la realidad una idea de libertad, y llamamos libertad a perseguir esa idea. Si no estamos condicionados por nuestras ideas, entonces nos encontramos cara a cara con cada momento de nuestra existencia, que nos revela su modo exacto de ser. No es aplastamiento por lo real, simple adhesión a lo que es ahora. Es límpida visión y clara escucha de la naturaleza auténtica de cada momento, de cada situación, que se convierte en pensamiento y acción concreta. Si no se comprende bien, por conocimiento y por experiencia, que la libertad que nace de la verdad no tiene nada que ver con el liberarse de algo sino que abre al ser libres en cualquier cosa, entonces el aquí y ahora no es adhesión al exacto modo de ser de cada momento, sino que es un esquema derivado del dominio del yo. El pensamiento nace de la escucha, como la energía viene del alimento; si la escucha es límpida, el pensamiento es límpido. Si el pensamiento es límpido, sin segundas intenciones, fluye libremente en límpida acción.
La enseñanza de Nagarjuna, tal como Dōgen la cita en esta coyuntura, nos ayuda a comprender por qué en el camino religioso el cuerpo es una piedra angular y como, a través del cuerpo, se comprende qué es el camino religioso. Toda la obra de Dōgen está punteada por advertencias en ese sentido: la vía se aprende con el cuerpo. La acepción en la que es usado el término cuerpo debe aclararse. No se trata simplemente de la carne, del cuerpo como un elemento de la persona distinto al espíritu, sino de la totalidad del ser que es carne, mente, facultades, espíritu… y que hace que cada ser sea el ser que es, tomado en su condición de cuerpo, el cuerpo como condición ontológica.

El zen reconoce en el ser cuerpo el verdadero templo de la vía. Ninguna tradición religiosa, creo, es tan inequívoca y directa indicando el cuerpo como la estructura misma de la vía religiosa. No por otro motivo el zazen es el eje de la vía efectivamente recorrida, y no por otro motivo zazen es nada más que estar sentados. Otra manera, quizá todavía más elocuente, de decir zazen es shikantaza (simplemente estar sentado). Si, gracias también a nuestro hacer de hecho zazen, comprendemos las palabras de Dōgen y Nagarjuna, entendemos también qué estamos haciendo cuando hacemos zazen y el sentido de hacerlo. Incluso si el término zazen no es nombrado más que una vez en este texto, el venerado sentado sobre el cojín hace zazen precisamente como cada uno de nosotros cuando está sentado en zazen.
«Sabed de verdad que en aquella ocasión el venerado simplemente estaba sentado sobre el cojín. Su forma de ser cuerpo no difería de como cualquiera a día de hoy se sienta.»
La forma de la luna redonda señala desde siempre, para la sensibilidad oriental, la plenitud a la que nada falta. La luna llena es símbolo de perfección, de lograda completud. Dōgen nos invita a detenernos a a considerar las palabras con las que Nagarjuna explica el sentido de su aparición de esta forma.

«Los multiforme cuerpos auténticos perfectamente se manifiestan convirtiéndose cada uno en el propio cuerpo; por esto son forma de la luna redonda»

No existe otro lugar que el ser cuerpo, de ser aquello que se es donde se está, en el que es posible manifestar esa autenticidad, esa perfección que cada uno siente intrínseca como llamada dentro de sí mismo. La perfecta luna llena no puede tener otra sede que el ser cuerpo de cada uno. ¿En cuál tiempo de qué lugar se actúa algo dislocado del cuerpo propio?

Por otra parte ser si mismos hasta el fondo no es abandonarse a la propia naturaleza instintiva, al capricho del momento, a la causalidad de las circunstancias. Ser si mismos es no separarse del momento y del lugar que se está viviendo, es reconocer las cosas por aquello que son en el momento y en el lugar en el cual son. La luna llena, la plenitud del ser, no es añadir algo que falta, es comprender íntimamente que nada falta. Para que esta comprensión no sea una alucinación o bien la adaptación de la realidad a la propia visión egocéntrica, es indispensable ante todo quitar de en medio el dominio del yo. Ante todo no quiere decir de una vez por todas, es un proceso continuo, de cada momento. Es la relación de fe con la naturaleza auténtica de la realidad, que no está basada sobre la propia comprensión de la realidad, sino sobre la realidad tal como es verdaderamente, de la que yo no soy el amo.

La representación de la luna llena es una forma tomada como símbolo, pero en realidad ninguna forma puede representar la naturaleza auténtica. La predicación de la vía que es expresión de la vía no se puede confinar en ninguna forma particular. No existe (no puede existir ni nunca existirá) la teoría perfecta que contenga la realidad completamente entera, por muchos elementos que se pongan juntos. Solo el ser cuerpo de cada cosa tal como es contiene toda la realidad entera.
Ser cuerpo se asemeja al mundo de los agregados, pero en realidad es completamente distinto. Es la manifestación directa e incondicionada del ser, mientras que el mundo, aun si tiene el mismo aspecto, es la red de condicionamientos en poder del continuo cambio. Sin embargo, cuando la red de condicionamientos no es vivida como condicionamiento, sino que evidencia para nosotros el rostro de la verdad, entonces ella misma predica la vía. Entonces es la forma que es no esta (única) forma. Si la relación directa, de fe y de identidad, con la forma que encuentro como no reductible a esa sola forma, es vivida sobre el trasfondo de la profunda paz que ninguna forma puede erosionar, entonces ser cuerpo asume la plenitud de su significado. Esto es verdaderamente la descripción de nuestro zazen. Cualquiera que haga zazen hace esta experiencia, sea más o menos consciente; esto es en lo que hay que creer al hacer zazen. Obviamente esto no se limita al tiempo y a la modalidad del zazen, pero ciertamente es la esencia de zazen.

En cualquier caso es fácil malinterpretar esta enseñanza, y es por ello que Dōgen nos pone en guardia diciendo que, entre muchos, solo Kanadaiba ha captado de verdad el qué es del ser cuerpo. Las personas que comprenden intelectualmente este discurso, aquellas que se ocupan del camino que este discurso implica, son innumerables, pero en cuanto a vivirlo de verdad, hemos de tener la consciencia de no poder compararnos a las grandes figuras del pasado. Nagarjuna, antes de encontrar a su maestro y entrar en la vía, era un maestro renombrado, con muchos discípulos, pero cuando se dio cuenta de que su enseñanza estaba errada, abandono todo, dejo libres a sus discípulos y se puso a buscar en primera persona. ¿Cuantos tienen la vía de esta manera en su corazón, en vez de su propia imagen, y serían capaces de una honestidad parecida? ¿No sería más fácil enmascararse, diciendo que, aun dándose cuenta de que imparten una enseñanza no verdadera, no pueden abandonar a sus discípulos, con la excusa de que después de todo cada cual encuentra de todos modos su propia vía? Solo quien cree de manera recta alcanza la recta vía, estas son palabras que no hemos de infravalorar, cualquiera que sea el ámbito en que se desarrolla nuestra vida. Creer de manera recta quiere decir creer que la exactitud de la naturaleza auténtica se transparenta por todas parte de forma clara. Quitar de en medio el dominio del yo es el primer paso para que esta transparente claridad, que a veces parece tan extraña, sea en cambio lo más familiar en nuestro caminar.

La enseñanza que dice de este modo yo manifiesto el multiforme cuerpo auténtico, representa el límite último de toda enseñanza. Más allá de eso, de hecho, no existe más que la realización en carne y huesos. Cuando el conocimiento no es conocimiento con el cuerpo, sino mediación entre aquello que es y aquello que debe de ser, entonces no es posible ver y oír directamente. En un cierto sentido es la misma enseñanza la que obstruye. Por esto se limita a decir que no es el ojo que ve, ni la oreja que oye, ni el corazón que conoce. Cuando en cambio es evidente que la vía es cuerpo, cuando está claro que la naturaleza auténtica es ser cuerpo, entonces de este modo yo manifiesto el multiforme cuerpo auténtico. El cuerpo de Buddha es la realidad del momento presente, no existe nada que buscar en otro sitio. Pero esto no es una formula vacía, es la carne y la médula de mi vida. Todo el poder, toda la virtud, todas las propiedades de Buddha, derivan de esto, del reconocimiento de que el cuerpo de Buddha es ser cuerpo y por tanto vivir en consecuencia.

Sin embargo todos los enseñantes de religión, todos los maestros que se las dan de ser tales, no enseñan el simple hecho de ser cuerpo, no enseñan la vida con la vida, sino que hacen de la enseñanza una actividad intencional y especial, enseñan adrede. Sus gestos están estudiados, porque están interpretando un papel. Para ellos el circulo vacío que abraza todo no es su propio ser cuerpo y el de los demás, la realidad de la vida, sino un nombre a añadir a las cosas, un signo que se escribe sobre un folio. El estar sentado de Nagarjuna, que manifiesta enteramente la naturaleza auténtica que es encarnación en el cuerpo, no es otra cosa que estar sentado inmóvil. Ellos, en cambio, hacen del estar sentados el argumento de sus sermones. Y se satisfacen por ello, pero quien se quita el hambre con el dibujo de una alimento quiere decir que no tenía hambre de ese alimento, y no lo come ni lo asimila. ¿Cómo puede entonces hacerlo suyo y hablar de él?

Si sobre el cojín no existe la forma del cuerpo en carne y huesos, la luna no está llena, la vía no es puesta en acto. Nada sucede por haberlo oído o por persona interpuesta. Es solo con el cuerpo propio que se puede dibujar la forma de la luna llena, la plenitud del ser. La plenitud, la redondez, que figuran la completud, no son conceptos o ideales, son realidad concreta. Precisamente porque la forma del cuerpo es la forma de la plenitud, es posible poner en acto la forma plena, la forma de la luna redonda. Si fuese una idea a la que atenerse, no la alcanzaríamos nunca. Puesto que, en cambio, la idea nace de la realidad auténtica, la podemos poner en acto en la realidad instante tras instante. Solo estemos atentos a no invertir los términos, lo redondo no se desprende de la idea de redondo, sino que es la idea de redondo la que proviene de la realidad de lo redondo, del ser cuerpo de lo redondo.

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Ananda
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Re: Nagarjuna

Mensaje por Ananda » 08 Nov 2019, 21:39

Muchas gracias @Roberto por ambos textos, son increíbles. Tienes razón se entiende mejor con el comentario de Jiso Forzani. Me ha parecido una forma muy profunda, incluso poética (la imagen de la luna llena) de expresar lo inexpresable.

Yo os digo, oh bhikkhus, que ahí no se entra, que de ahí no se sale, que ahí no se permanece, que de ahí no se decae y que de ahí no se renace. Carece de fundamento, carece de actividad, no puede ser objeto del pensamiento. Es el fin del sufrimiento. Udana 8,1.

Los leeré con más detenimiento para extraerles todo el 'jugo'.

Gassho :)

PD Quisiera dejar en el hilo algunos blogs que durante años han traducido textos de Nagarjuna o sus discípulos:

http://ellegadodenagarjuna.blogspot.com/

http://eneljardindenalanda.blogspot.com/

http://sutraysutta.blogspot.com/

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Roberto
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Re: Nagarjuna

Mensaje por Roberto » 11 Nov 2019, 12:05

Yo, personalmente, destacaría del comentario de Jiso el siguiente fragmento, por su extrema concreción, y porque a menudo tendemos a pensar que el budismo es una cosa que tiene que ver con algo "espiritualizado", "mental", o, en cualquier caso, "inmaterial"; cuando, desde mi punto de vista, estamos, en el budismo, ante la más pragmática, concreta y tangible de todas las vías espirituales (los subrayados son míos):
La enseñanza de Nagarjuna, tal como Dōgen la cita en esta coyuntura, nos ayuda a comprender por qué en el camino religioso el cuerpo es una piedra angular y como, a través del cuerpo, se comprende qué es el camino religioso. Toda la obra de Dōgen está punteada por advertencias en ese sentido: la vía se aprende con el cuerpo. La acepción en la que es usado el término cuerpo debe aclararse. No se trata simplemente de la carne, del cuerpo como un elemento de la persona distinto al espíritu, sino de la totalidad del ser que es carne, mente, facultades, espíritu… y que hace que cada ser sea el ser que es, tomado en su condición de cuerpo, el cuerpo como condición ontológica.

El zen reconoce en el ser cuerpo el verdadero templo de la vía. Ninguna tradición religiosa, creo, es tan inequívoca y directa indicando el cuerpo como la estructura misma de la vía religiosa. No por otro motivo el zazen es el eje de la vía efectivamente recorrida, y no por otro motivo zazen es nada más que estar sentados. Otra manera, quizá todavía más elocuente, de decir zazen es shikantaza (simplemente estar sentado).
En el Bussho de Dogen existe otro capítulo, en el que este nos habla de nuevo a propósito de Nagarjuna, esta vez lo hace a partir de una experiencia personal:
Yo, a lo largo de mi peregrinar, fui a China. Hacia el otoño de 1223, por vez primera llegue al monasterio Zen Aikuozankori. Sobre la pared del corredor occidental vi las distintas efigies de los 33 patriarcas indios y chinos. En ese momento no comprendí; a continuación, durante el periodo de retiro estival del año 1225, volví allí una vez más y, mientras caminaba por el corredor con el monje encargado de recibir a los huéspedes, de nombre Joken y originario de Szechwan, le pregunté: «¿Este retrato de quién es efigie?». Y él: «Es la forma de luna redonda del ser cuerpo de Nagarjuna». Así lo explicaba, pero su cara estaba como sin nariz y su voz como sin palabra.

Yo le dije: «¡Ah, esto es precisamente como el moci [un dulce consistente en bolas de arroz glutinoso] pintado!». Entonces el prorrumpió en una carcajada, pero aquella carcajada era como una espada que no corta; y que no puede rasgar el retrato del moci pintado.

Posteriormente, mientras el encargado de los huéspedes y yo nos dirigíamos al sagrario y a los distintos lugares eminentes del monasterio, varias veces replanteé la cuestión, pero ni siquiera la más mínima duda parecía rozarle. Espontáneamente los monjes intervinieron para decir su opinión; se reunieron muchos, pero no fueron capaces de acertar la cuestión.
Yo dije: «Intentaré preguntárselo al abad». En aquel periodo era abad el monje Daiko. El encargado dijo: «Él no tiene nariz, no está en condiciones de comprender. ¿De qué modo podría saberlo?». Por ello no se lo pregunté al viejo Daiko. Así me dijo, pero tampoco él estaba en condiciones de acertar la cuestión. Incluso entre los sacos de piel que hacen preguntas y dan explicaciones faltan aquellos que están en condiciones de indicar la vía. Entre los sucesivos abades de antes y después, viendo aquella imagen, a ninguno le ha venido la duda, ni se ha planteado el problema de corregirla. Entonces, todas las cosas que no se está en condiciones de pintar, no se pintan en absoluto. Si se debe pintar, es necesario hacerlo de modo simple, directo. Por ello, la forma de la luna redonda del ser cuerpo, desde siempre es para no pintarla.

Si uno no se libera de la opinión de que la naturaleza auténtica coincida más o menos con la comprensión y la intuición del momento, sea que recorra la vía de naturaleza auténtica ente o que recorra la vía de naturaleza auténtica nada, es como uno que ha perdido el cabo del hilo conductor. Como consecuencia se debilita también su consciencia de tener que dar testimonio. Sabed que esta dispersión e indolencia es la consecuencia del proceso de corrupción en acción. Entre los jefes de las distintas escuelas, sin excluir ninguna, existe incluso quien ha llegado hasta el final sin haber testimoniado la naturaleza auténtica una sola vez en su vida. Confabulan que a la congregación de los auditores de la enseñanza les compete discutir alrededor de la naturaleza auténtica, mientras que a los discípulos de la vía Zen se les confía el sentarse en silencio. ¡Vaya pandilla! ¡Qué banda de bestias! La llamaría revoltijo de demonios, que adulteran y ensucian a lo largo de la vía de mi señor Buddha. ¿Es quizá que en la vía de Buddha el qué es el hacer de los auditores de la enseñanza? ¿Es quizá que en la vía de Buddha el qué es entrar en el silencio? Sabed, en verdad, que ni el hacer de auditores, ni entrar en el silencio es el qué en la vía de Buddha.

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Ananda
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Re: Nagarjuna

Mensaje por Ananda » 11 Nov 2019, 22:24

Es que además no hay nada más concreto y tangible que la meta del budismo: la liberación de dukkha. Nada que ver con los propósitos etéreos – por decir algo suave - de otras tradiciones.

Saludos y metta.

PD Gracias por el texto de Dogen, aunque no puedo decir que comprenda lo del ‘moci’ :D

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Pablo
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Re: Nagarjuna

Mensaje por Pablo » 12 Nov 2019, 08:55

Ananda escribió:
11 Nov 2019, 22:24
PD Gracias por el texto de Dogen, aunque no puedo decir que comprenda lo del ‘moci’ :D
No he leído gran parte del hilo, pero respondo a esto. Dogen está haciendo referencia a la famosa expresión que usó Kyogen cuando despertó: "Un dibujo de un pastel de arroz no puede saciar el hambre".

Kyogen es famoso por el koan del hombre colgado de un árbol, pero la historia de su despertar también es muy conocida. Kyogen fue a entrenar con Isan, y cuando este le pedía que mostrase su comprensión del camino, Kyogen rechazaba sus respuestas, pues estaban basadas en el estudio de las escrituras. Isan le dijo "tienes que usar las palabras de antes de que nacieses del útero de tu madre". Kyogen lo intentó muchas veces, fracasando en cada ocasión. Finalmente, desesperado, abandonó el monasterio, convencido de que tenía obstrucciones karmicas que impedían su despertar.

Una vez fuera del monasterio, Kyogen se instaló en una ermita dedicada a un antiguo maestro ya muerto, que estaba abandonada. Pensó que, al menos, estaría haciendo algo bien si la mantenía cuidada. Así vivió durante un tiempo. Un día, mientras barría el camino, arrastró una piedra contra un bambú cercano, golpeandolo. CLOC. En ese momento, despertó. Rápidamente fue a la ermita y, encendiendo una varilla de incienso, se postró en la dirección del monasterio de Isan, diciendo "la deuda que tengo contigo, maestro, es mayor que la que tengo con mis padres".

Su expresión del despertar, "Un dibujo de un pastel de arroz no sacia el hambre", se suele interpretar como que todas las enseñanzas que leemos no valen para acabar con nuestro sufrimiento. El despertar debe ser experimentado en nuestras propias carnes.

Años después, Dogen reutiliza la misma expresión en varias ocasiones. Además de en este fragmento que cita Roberto, en Gabyo (otro fasciculo del Shobigenzo) dice "Un dibujo de un pastel de arroz es justamente lo que sacia el hambre". La idea de Dogen es que no hay separación ninguna entre el dibujo (las escrituras budistas) y el despertar (el pastel).

Ah, el Zen :)
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