El Evangelio a la luz del Zen

Esta categoría recoge temas en los que otras tradiciones o caminos religiosos dialogan con el budismo zen.
Daido
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Daido » 20 Oct 2019, 10:43

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (3,14–4,2):
Permanece en lo que aprendiste y creíste
Permanece en la experiencia que tuviste. El kensho, el satori, la iluminación, la unión con Dios… Esa experiencia tienes que conseguirla al menos una vez en la vida, pero no te preocupes, lo más probable es que ya la hayas conseguido y no lo recuerdes. Por eso, hacer zazen, orar, es recordar. Religión es religar, recordar. El zen es recordar, igualmente. Cuando estés sentado, deja que el recuerdo venga a ti. Pero no un recuerdo cualquiera, no. Es un recuerdo muy, muy lejano. No sabías todavía hablar. No sabías decir yo, todavía. Ese que no recuerdas eres tú. Repito: Cuando la Biblia dice “creer”, se refiere a la experiencia de Dios. Es el kensho. Es el satori.
Consciente de QUIEN lo aprendiste.
Sí, en el texto se dice “quienes”. Pero se entiende mejor si se dice QUIEN. ¿De quién lo aprendíste? De ti mismo. Ese que había, hay, y habrá por siempre en ti. El verdadero Yo, ¿quién si no? Sé consciente de él. De tu verdadero Yo. Es todo un trabajo, sí. Estar siempre en Aquí Ahora es todo un trabajo, porque la mente ordinaria, el pequeño yo, pone trabas. Es una humareda que tienes que atravesar.

Pero la última lectura, la Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,1-8), es donde viene lo más sustancioso, desde el punto de vista Zen, sin la menor duda:
Jesús decía a sus discípulos una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer.
Yo diría que el Zen es exactamente ese tipo de oración. No es meditación, en el sentido budista. La meditación budista, es lo que leemos en el Anapanasati Sutta, donde Buda explica con todo detalle la práctica. Así, en cierto momento dice:
He aquí el monje, yendo al bosque o bajo árbol, o en una choza vacía, se sienta; cruzando las piernas y enderezando su cuerpo pone su atención en frente, siempre consciente de que inhala y consciente de que exhala.
El resto es una explicación detallada de la manera en que se debe meditar, siendo el primero de sus consejos:
Inhalando largo, él entiende: ‘Estoy inhalando largo’ o exhalando largo, entiende ‘Estoy exhalando largo’
Y así vienen otros 16 puntos en los que explica con todo detalle los diferentes pasos. Eso es una forma de meditación que algunos maestros enseñan, como si fuese el Zen, pero no es Zen. Uno de tales maestros (sumamente respetable) es Thich Nah Than. Él enseña con gran detalle ese tipo de meditación, y puede encontrarse en sus vídeos, en Youtube. Se puede experimentar con esa manera de meditar, y en seguida se verá que surte efecto. Es buena. La mente se tranquiliza y se obtienen estados de paz. Es un método muy recomendable, si lo que se quiere es alcanzar esos estados de tranquilidad interior. Pero no debe confundirse con el Zen.

Ana María Schluter traducía el kanji Zen, como “estar a solas con la noticia”. Nunca he sido capaz de comprender la idea que hay detrás de los kanjis, y no sé cómo se traducen. Sé que existen muchas, muchísimas traducciones de los kanjis antiguos, y muchas de ellas se contradicen, incluso. No conozco ninguna otra traducción del kanji "Zen" y sigo teniendo una gran confianza en Ana María (fue mi maestra, por mucho tiempo). Así pues tomo su traducción como válida: "Estar a solas con la noticia". Eso es Zen. Y zazen, es por tanto sentarse a solas con la noticia.

Creo que Jesús enseñaba a orar de un modo muy parecido, y así lo da a entender con la parábola que viene a continuación:
«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle:
“Hazme justicia frente a mi adversario”.
Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo:
“Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”».
Al leer esto, me doy cuenta de que Jesús tenía un finísimo sentido del humor :lol: . Resulta que la mujer va al juez a todas horas a pedirle que le haga justicia, y el juez (que encima es malo) le hace justicia, porque está harta de que vaya a importunarle. Resulta que Jesús pone esa imagen para enseñarnos a orar. ¡Increíble! :lol: Y así lo expresa Él mismo:
«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar.
O sea que hay que ir a Dios como esa mujer, día y noche, e importunarle. Y de ese modo, Dios, harto de que se le pida, acabará haciendo “justicia”. Ya sabemos lo que eso significa: básicamente, la iluminación. Tal vez no una Iluminación con mayúsculas, cierto. Tal vez una pequeña y cotidiana iluminación. Algo no tan difícil de obtener, realmente, como muchos sabemos por experiencia propia. El zazen nos lleva a estados de tranquilidad, sí, pero en este caso se habla de “justicia”, que es algo que va más allá del ego. No es simple tranquilidad, un estado en el que el yo se encuentra mejor. Es una experiencia (grande o pequeña) de iluminación (o sea, de no – yo)

Jesús no da un método. No dice como Buda que nos sentemos con las piernas cruzadas etc. No habla de seguir la respiración, ni de contarla, ni de un koan, ni dice que nos sentemos simplemente en shikantaza. No propone ningún método, ni ahí ni en ningún otro pasaje evangélico. Ni tampoco en los apócrifos. Jesús simplemente dice: “Pide justicia”. En otras palabras, “Dame la iIuminación”.

Personalmente, creo que se trata más de una intención, que de una petición formal. No es repetir eso como un mantra (podría ser un método, también, sí). Mi método, sin embargo es shikantaza. Otro método es el koan. Otro (¿por qué no?) es seguir la respiración, contándola o sin contar. Thomas Keating, un monje benedictino que (también conocía el Zen) propuso el método de repetir una palabra corta, interiormente (muy similar al koan Mu, como se ve). Se trata de salir de nuestra mente habitual, solo de eso. De mirar la “noticia”. Una noticia oscura, pues no sabemos cuál es. Y hacerlo todo el tiempo que dure el zazen, pero no solo durante el zazen, también cuando salimos de él. No es difícil, si bien se mira. Es simplemente cansado, desde el punto de vista del ego. Pero Dios hace justicia. La hace. De verdad que la hace.

Hay una última pregunta que hace Jesús, que es ciertamente misteriosa:
Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?
Ah amigo. Eso es lo más importante de todo. Que cuando venga, tengas fe, y no te cagues de miedo (perdón por la expresión :D ). Lo digo por experiencia propia, porque yo me he cagado de miedo, y es por no tener fe de verdad. Ahora quizás tenga algo, pero antes no la tuve, y cuando no se tiene, lo que ocurre es que, cuando la experiencia está por suceder, te echas atrás diciendo “TODAVÍA NO”. Esto sucede muy a menudo, créeme.

Ten fe. Entrégate. Yo creo, que cuando Jesús dijo eso, lo dijo mirando a sus discípulos, que le escuchaban, dudando de que ellos se atreviesen a entregarse a la Iluminación. La venida del Hijo del hombre no es otra cosa más que eso: la Iluminación.

Namaste.

Daido
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Daido » 21 Oct 2019, 16:18

De nuevo nos encontramos hoy, con el extracto de una carta, la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (4,20-25):
Ante la promesa de Dios, Abrahán no fue incrédulo, sino que se hizo fuerte en la fe, dando con ello gloria a Dios, al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete, por lo cual le valió la justificación. Y no sólo por él está escrito: «Le valió», sino también por nosotros, a quienes nos valdrá si creemos en el que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.
Si solamente la leemos, como quien lee el pasaje de una novela, no entendemos gran cosa. Es un lenguaje peculiar, que produce un tufo, incluso, desagradable, para los que nos salimos de la Iglesia Católica. Ese tipo de lenguaje es siempre interpretado de un modo sesgado, sea en el sentido que sea.

Yo no pretendo hacer una interpretación. No es de lo se trata aquí. Se trata, no de interpretar, sino de encontrar la Sabiduría que contiene, y dejarnos impregnar por ella, llevándola a nuestra práctica de zazen. Porque la carta contiene Sabiduría. Es innegable. Sabiduría oculta, bajo un lenguaje que resulta probablemente impropio, porque se usan palabras en un sentido muy diferente a como las utilizamos normalmente.
Ante la promesa de Dios, Abrahán no fue incrédulo, sino que se hizo fuerte en la fe…
No sabemos cuál fue esa promesa, si fue explícita o implícita, pero no es necesario saberlo. Hubo una promesa, y Abrahán la tomó en serio. Se hizo fuerte es su fe. En el Zen, vuelvo a decirlo, la fe es uno de los puntales donde descansa. Si no hay fe, no profundizaremos demasiado en la práctica. La fe es lo que nos hace continuarla día a día, momento a momento, volviendo al Aquí Ahora. ¿Fe en qué? Fe en la misma práctica, para nosotros. No fe en Dios, como un ser exterior.
… al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete, por lo cual le valió la justificación.
Es decir, alcanzó la experiencia de Unidad. El kensho. La Iluminación.
Y no sólo por él está escrito: «Le valió», sino también por nosotros.
También nosotros podemos alcanzar la visión de Dios, el kensho, tal y como Abrahán alcanzó. Igual que Buda alcanzó la Iluminación, el Zen dice que nosotros podemos alcanzarla. No es algo que sea solo para unos pocos escogidos. Es algo a lo que todos podemos llegar. Solo hay que estar “persuadidos de que Dios es capaz de hacer lo que promete”. Simplemente eso.
a quienes nos valdrá si creemos en el que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.
Aquí, Jesús es sin duda el Maestro. Creer en él es esencial. Él resucitó de entre los muertos, es decir, salió del mundo regido por el yo. Eso es resucitar de entre los muertos. El Maestro nos mostró que esto era posible en cualquier circunstancia, incluso en las peores. Para un cristiano, la cruz tiene el significado que el sentarse sobre un cojín a meditar, tiene para un budista. ¿Extraño? Sí, muy extraño en verdad.

La imagen de Cristo en la cruz, es extraña para un budista, en efecto. Y la imagen de Buda sobre un cojín, lo es para un cristiano. Pero ambas imágenes son equivalentes. El cristiano, no se hace clavar en una cruz cuando entra en oración, obviamente, al menos de una manera literal. Sin embargo, hay ciertas connotaciones similares, pues ser clavado en una cruz es simplemente un símbolo aquí. Se entra en un estado en que no hay salida, porque no se trata de estar clavado para sentirnos mejor, en el sentido de alguien que hace meditación para encontrarse mejor. No. La cruz es una imagen mucho más radical: estamos simplemente esperando ser tomados por Dios, que es, ni más ni menos, morir. Pues bien, también cuando nos sentamos en el cojín lo hacemos para eso: morir.

Este es un punto en común, entre ambas tradiciones, la cristiana y la tradición del Zen. La actitud es idéntica, tanto para el cristiano que ora, como para el que se sienta a hacer zazen. Si el zazen no lleva a morir, no es zazen. Morir como ego. Y resucitar a la vida eterna. Eso es el kensho. Ni más ni menos.

El cristiano espera todo de Dios, porque cree que Dios vendrá a salvarle. ¿Cómo lo sabe? Porque lo ha prometido, y él tiene fe en Dios. Un budista no tiene fe en Dios, puesto que no cree en ningún Dios, pero tiene fe en los que le han precedido, en el camino, que alcanzaron el estado de Buda, y se sienta en el cojín con entera confianza, y sigue su práctica, sin apartarse de ella. La meta de ambos, es la misma. El cristiano puede sentarse en un cojín, también, y sentirse como Jesús en la cruz. Le recomiendo que lo haga.

Ambos, cristianos y budistas, alcanzarán el kensho. Es una experiencia que no olvidarán mientras vivan, y que les acompañarán siempre, en lo bueno y en lo malo.

Namaste

Daido
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Daido » 22 Oct 2019, 14:30

Hoy tenemos dos lecturas sin desperdicio alguno. No puedo pasar por alto nada de lo que viene en ellas, de modo que empiezo por poner el texto completo de la primera:
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5,12.15b.17-19.20b-21):

Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud. Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación. En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida. Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos. Si creció el pecado, más desbordante fue la gracia. Y así como reinó el pecado, causando la muerte, as! también, por Jesucristo, nuestro Señor, reinará la gracia, causando una justificación que conduce a la vida eterna.
Veámoslo ahora poco a poco:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte…
Este es un punto de mucho interés. Por un hombre entró el pecado en el mundo, dice Pablo, refiriéndose con toda probabilidad a Adán. Adán no es más que un mito. No cabe echar la culpa a una sola persona pero, en todo caso, la culpa es de un grupo reducido de seres humanos: los primeros en desarrollar la mente discursiva. No puede saberse con exactitud cómo sucedió esto, pero todo apunta a creer que esto empezó a suceder hace unos 10.000 años, cuando ciertas tribus de cazadores recolectores, se asentaron como agricultores. Fue la entrada en el Neolítico, por supuesto, y eso fue el principio de un cambio dramático en la evolución de la mente humana.

Voy a extenderme brevemente sobre esto, pues es muy importante tenerlo en cuenta. El momento exacto del nacimiento del ser humano, es cuando se forma lo que en el Zen se conoce como el PRIMER NEN. Este es un pensamiento puro que aparece en la mente, relacionado siempre con una experiencia sensorial, por ejemplo ver una flor. Ese pensamiento es algo simple: “¡Oh!” Es el comienzo del lenguaje, pero no del yo.

Después del primer Nen, aparecería el SEGUNDO NEN, que es un pensamiento que se forma sobre lo que se ha experimentado con los sentidos. Sobre ese ¡Oh! inicial, aparece el pensamiento más elaborado de “yo veo una flor”. Es un pensamiento que forma la base del ego, si bien el ego sería algo fugaz todavía.

Posteriormente, aparece el TERCER NEN, que es otro pensamiento que piensa sobre lo pensado, diciendo cosas como "soy consciente, de que he pensado "yo veo una flor". Este es el pensamiento discursivo, propiamente dicho. A partir de ahí, el ego se cronifica. El tercer Nen establece pensamientos sobre pensamientos pasados, y pensamientos incluso futuros (proyecciones). El pensar sobre el pensar, lo eclipsa todo. El ser humano se aparta de la conciencia pura. Este es el pecado de Adán, en efecto, pero no debería tomarse en el sentido de haber hecho algo malo, sino en el sentido de haber errado el camino, pues es lo que sucede: se sale del camino, del Tao.

Por un puñado de seres humanos entró el pecado en el mundo, efectivamente. El pecado se extendió como una mancha de aceite entre todos los humanos, trayendo un radical cambio de vida (que llevaría varios miles de años en afianzarse completamente). La civilización actual se desarrolla a partir de ahí. Los seres humanos adquieren el primer Nen muy pronto, el segundo Nen tarda algunos años, y el tercer Nen se solidifica hacia los siete años (la edad de la razón) El ser humano vive como persona separada de todo y de todos, con un ego ficticio, pero capaz de crearse el engaño de que es “alguien” en sí mismo. El pecado, pues, entró por una persona, según el mito del Génesis, y con él la muerte del ser humano, que pasó a ser como un cadáver muerto en vida, viviendo “por y para sí”, separado del Universo y de Dios. El Tao. Y en esas estamos.
…y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.
Pero:
Si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud.
La evolución no se detuvo con la aparición de la mente del ego, sin embargo. Tal vez, dos milenios después, al menos un ser humano, Jesucristo, experimentó la Resurrección a la Vida, que en cierto modo es el siguiente paso evolutivo de toda la Humanidad. Jesucristo, es por tanto uno de los seres humanos que alcanzó la completa Iluminación en aquella época. Buda antes que él, tuvo una experiencia similar en Oriente. Seguramente hubo otros más (no muchos, apenas personas que daban el paso hacia la Vida, aquí y allá). Muchos no debieron ni hablar de ello. Algunos, como Lao Tse, son conocidos casi por accidente. Otros, como Buda o Jesús, se abrieron al resto de seres humanos, mostrando la forma de obtener la Iluminación. De Resucitar. De volver a la Vida Eterna (la Vida es eterna en el Aquí Ahora)
Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo.
Cierto. Sin embargo, no fue un delito. Fue un paso evolutivo inevitable. La persona que lo dio primero, no hizo nada indebido. Dio el paso que se vio forzado a dar, para sobrevivir. No debió ser fácil, y exigió mucho coraje. Probablemente fue rechazado por sus congéneres, per el paso quedó abierto para ellos también. Y acabaron por darlo. Y ese paso, fue la muerte en vida, sí. Porque el nacimiento del ego es la muerte.
Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación.
El paso que dio Jesucristo (lo mismo que dio Buda, Lao Tse y otros de los que nunca sabremos), quedó igualmente abierto para todos, en efecto. La gracia viene de ese estado de Iluminación al que llegó, siquiera una sola persona. La gracia es como una fuerza que nos llama, nos guía y nos protege mientras vamos hacia la Luz. Esa fuerza viene del Tao. Es el mismo Tao. Dios.

La segunda lectura, es la del evangelio según san Lucas (12,35-38), que pongo también íntegra:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.»
Estamos ante uno de los pasajes de los evangelios, donde Jesús da una idea clara de la práctica de la oración (que para nosotros sería el zazen)
Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas.
No hace falta ser muy sabio para comprender lo que esto significa: Estar bien sentados, con la espada derecha. Alertas. Con la atención puesta en nuestra práctica, seguir la respiración, el Mu, shikantaza…
Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Es una idea a la que Jesús recurre varias veces: Estar esperando, como el criado que espera a su señor. Y, atención: Abrirle apenas venga y llame. Nunca se podrá recalcar suficiente la importancia de abrirle apenas venga y llame. Una sola vacilación, basta para que pase de largo. Esto hay que experimentarlo, si no, no puede saberse de que va. Cuando sucede, es como reconocer que “eso” está aquí ahora. Todo se vuelve claro. La atmósfera parece tener otra cualidad alrededor.

Y entonces… entonces se sabe que de seguir, se pierde el control. ¿Quién pierde el control? El ego. Pero cuando esto no ha sucedido nunca, la impresión es como si se fuese uno a volver loco, pues se pierde el control. E incluso se tiene la impresión de que si se sigue, vamos a morir. En ese momento, entrégate. Si practicas con el MU, sigue haciendo MU. Solo MU. Lo que venga después, no es cosa tuya. Eso es abrir al señor.
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.
La imagen de los criados en vela, a altas horas de la madrugada, es muy apropiada, porque casi siempre hay que practicar durante la noche hasta horas muy avanzadas, hasta que la experiencia sucede. A veces la noche entera. Y no una, sino muchas. Casi todos los practicantes de zazen saben que la noche es cuando la práctica parece tener más fuerza. Incluso hay un término para la práctica del zazen nocturno: yaza. Muchos practicantes pasan varias noches seguidas durmiendo muy poco, durante los seshins. A veces nada.

Y, sí. Dichosos ellos cuando llega el señor y los encuentra así. Los hará sentar a la mesa, y Él mismo les irá sirviendo. ¡Él mismo! La imagen es preciosa, pero algunos creyentes la toman de forma literal, y llegan a pensar que hay “alguien” que va a venir de manera personal, a llevarnos a un banquete. Es solo una imagen. No hay que tomarla como algo literal.

Namaste

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Roberto
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Roberto » 22 Oct 2019, 15:11

Hola@Daido.

Los Evangelios, y la Biblia en general, exceptuando alguna cosa, son un terreno prácticamente inexplorado para mí, la idea de dios, de esa alteridad creadora, que es además persona, es un Tú, si bien omnipotente, etc., me ha resultado siempre, ya desde pequeño, incomprensible y extraña, imposible de integrar en mi vida interior.

Afortunadamente, en un momento de mi vida, tuve la suerte de encontrarme el budismo zen, donde descubrí el rastro de una escondida fuente interior que me atrajo de manera inmediata, y a la cual, desde entonces, no he dejado de acudir, a pesar de que el estilo de sus formas de expresión resulte tan alejado para nuestra sensibilidad. Dentro del zen aquel primer y definitivo encuentro fue con el llamado zen de la iluminación silenciosa, el llamado mokushozen, aunque al principio lógicamente no sabía que podía llamarse también así, ni cuál era su ilimitado alcance, y aquel encuentro, con aquella modalidad de práctica y de vida, mirándolo en perspectiva, fue una gran suerte para mí pues, espiritualmente hablando, difícilmente yo habría encontrado inspiración ni habría sido capaz de entrar en otro tipo de práctica... cada cual somos como somos, y el budismo afortunadamente es capaz de acoger y dar respuesta a sensibilidades muy distintas.

Por ello, por desconocimiento teórico y práctico, no entraré en este intento tuyo de acercar la lectio divinis, una de las formas de oración cristiana, al kannazen, el zen de la iluminación a través de las palabras, o zen practicado manteniendo un koan en la mente, ya que creo que son esos dos polos los que intentas acercar en estos post @Daido .

Sin embargo, puesto que shikantaza, la expresión históricamente más depurada del mokushozen -del despertar a través del silencio-, es la forma de práctica que sigo (por afinidad espiritual propia y por elección consciente, para otros practicantes, budistas o no, otras formas de meditación podrían ser más apropiadas), si me gustaría matizar un poco un par de cosas que dices y creo erradas, y que se afirman respecto a esta manera de seguir el camino de Buddha que es el zazen, entendido como shikantaza, con objeto de que quien por aquí pase no se lleve a confusión respecto a la misma. Hará un par de post decías.
"...todo lo que se enseña en las tradiciones orientales (la postura y todo lo demás) es algo meramente preparatorio, no es una manera de entrar. Cuando se enseña a sentarse en zazen, y se explica cómo hacerlo, no se está enseñando un método para entrar en la naturaleza esencial."
Sobre lo que dices sobre la postura, y sobre si sentándose en zazen se entra en la naturaleza esencial, sí y no.

Si entendemos la postura como una pura forma física definida por referentes exteriores, entonces sí, la postura se ve reducida a su aspecto superficial, epitelial, y se convierte en un asunto accesorio, secundario, o bien, en otros casos, si se es incapaz de sondear más allá, en su interioridad viva, ni tenemos alguien capaz de indicárnoslo, fácilmente puede convertirse en un asunto puramente idolátrico, como sucede mayoritariamente hoy en Occidente en muchos lugares.

Si en cambio concebimos la postura como cuerpo en toda su densidad y profundidad, entonces no está tan claro que sea algo "preparatorio", y que no participe también de lo "esencial", como al fin y al cabo participa de lo "esencial" todo aquello que existe.

En extremo oriente, en el ámbito del zen, hablando del cuerpo es habitual usar la expresión: "la piel, la carne, los huesos y la medula", representándose con esa expresión una hondura que va más allá de lo puramente epitelial; todo eso es cuerpo, toda su consistencia, no solo su superficie. Si no nos ceñimos a una consideración superficial cuando hablamos de la postura, estamos hablando del cuerpo como nuestra naturaleza real ahora, en toda su profundidad. No somos estatuas de madera en la postura del loto, ni es eso lo que el zen propone.

El cuerpo es cuerpo viviente, real, presente, más allá de que lo sepamos o no lo sepamos; tiene órganos que laten, sentidos que sienten, está vivo. Al mismo tiempo, el cuerpo, que solo es en este instante presente, a diferencia de la mente, que puede imaginar un pasado, que ya no está ni volverá, o un futuro, que aun no ha venido si es que viene; el cuerpo, este cuerpo que somos y sin el cual no somos, está siempre aquí y ahora.

Al mismo tiempo, para ser cuerpo real y no abstracción, el cuerpo está en contacto con todas las cosas de mi realidad presente, sin las cuales mi ser no sería así, como es ahora. Vivimos con, por y para todas las cosas. La separación entre yo y el mundo es una separación ilusoria, construida por nuestra mente, porque, por ejemplo, si desapareciera de repente todo el aire que me rodea y que yo respiro, yo, lo que yo "creo" ser "yo". Lo que soy ahora es, simultáneamente, todo aquello que es ahora. La división entre yo y las cosas (por ejemplo entre yo y un pájaro que ahora canta, o entre yo, el pájaro y la postura adoptada por mi cuerpo en este momento) es una discriminación posterior, producto de nuestros pensamientos. Y zazen, entendido como shikantaza, es la realización de esa simple verdad, es hacer de esa verdad un acto; y si no es eso lo que hacemos sentándonos, entonces será sentarse mientras se hace otra cosa, pero no será shikantaza.

En shikantaza nada añadimos a esa sentada, no nos concentramos particularmente en nada, no seguimos ningún pensamiento que nos distraiga de nuestra realidad presente, no hacemos otra cosa que solo sentarnos. Si hacemos así, nuestra naturaleza real, nuestro cuerpo viviente, y nuestra naturaleza esencial coinciden con aquello que auténticamente somos, con aquello que estamos siendo en ese momento... que es simplemente alguien que esta sentado, en una determinada postura. En realidad, en el budismo, la naturaleza esencial no es otra cosa que naturaleza, las cosas tal como son, y en el fondo podría prescindirse del adjetivo "esencial". Es algo así de simple, un ser ahora que abarca todo, que no está separado de nada pues nada separa.

Así Dogen, por ejemplo, respecto a la naturaleza esencial, o auténtica, o naturaleza de Buddha, comentando a Nagarjuna, dice :
«Cuando observamos y veneramos en la forma de la luna llena la manifestación de la paz profunda que está más allá de toda forma, entonces sucede que el ojo no tiene ningún lugar (fijo) que ver. Esto es la exactitud de la naturaleza auténtica aparece por todas partes de manera clara.
¡Así es! El ser cuerpo indica la naturaleza auténtica. Por esto se dice de manera clara, por ello se dice transparente por todas partes. Decir: de este modo yo manifiesto el multiforme cuerpo auténtico no es otra cosa que decir la naturaleza auténtica es ser cuerpo. ¿Cuando hubieron nunca uno o dos buddha que no tradujeran en cuerpo auténtico la expresión de este modo yo manifiesto? El cuerpo autentico es ser cuerpo, el ser que es ser cuerpo es la naturaleza auténtica. Incluso aquella potencia propia de los buddha y de los patriarcas, con la que han testimoniado y comprendido la sustancia constitutiva del las cosas y su forma de agregados, es obra que emana del ser cuerpo.»

Busho, Naturaleza de Buddha
* La luna llena indica para la sensibilidad extremo-oriental la plenitud a la que nada falta, es símbolo de perfección, de lograda completud.
Ahora, por si estas palabras nos resultan culturalmente alejadas, veamos el comentario que sobre este pasaje realiza un occidental, Giuseppe Jiso Forzani, un practicante zen italiano, que nos las aclara:
«Toda la obra de Dōgen está punteada por advertencias en ese sentido: la vía se aprende con el cuerpo. La acepción en la que es usado el término cuerpo debe aclararse. No se trata simplemente de la carne, del cuerpo como un elemento de la persona distinto al espíritu, sino de la totalidad del ser que es carne, mente, facultades, espíritu… y que hace que cada ser sea el ser que es, tomado en su condición de cuerpo, el cuerpo como condición ontológica.
El zen reconoce en el ser cuerpo el verdadero templo de la vía. Ninguna tradición religiosa, creo, es tan inequívoca y directa indicando el cuerpo como la estructura misma de la vía religiosa. No por otro motivo el zazen es el eje de la vía efectivamente recorrida, y no por otro motivo zazen es nada más que estar sentados. Otra manera, quizá todavía más elocuente, de decir zazen es shikantaza (simplemente estar sentado). Si, gracias también a nuestro hacer de hecho zazen, comprendemos las palabras de Dōgen y Nagarjuna, entendemos también qué estamos haciendo cuando hacemos zazen y el sentido de hacerlo.»
Por otra parte, poco después añades
"En ese sentido, shikantaza es el zazen genuino. Solo sentarte, y poner la atención en el hara. [...] Si practicas el Zen, eso es poner la atención en el Hara."
Shikantaza (只管打坐) se puede traducir por "simplemente sentarse", "tan solo sentarse", "exclusivamente sentarse", etc. Y el "simplemente", "tan solo"... es taxativo, pues el kanji 打 tiene el valor de un reforzativo en la expresión. Es una expresión para designar zazen que aparece por vez primera con Dogen, aunque él se lo atribuye a su maestro Tiantong Rujing, si bien su sentido aparece ya antes en la historia del zen, en aquellos autores que hablan de la "iluminación silenciosa", para diferenciarla de la "iluminación a través de las palabras", el kannazen o zen practicado añadiendo un koan como objeto particular de nuestra práctica.

Por otro lado, el hara (腹) quiere decir el estomago, la tripa, el abdomen, y ni en Dogen ni en otros practicantes zen que le preceden, se restringe zazen al hara; nunca dicen que zazen, o el Zen, sean poner la atención en el estomago, ni se dice que debamos concentrarnos en él particularmente. La concentración en la respiración, que es a lo que imagino hace alusión tu referencia al hara, puede ser un método para tranquilizarse, y de hecho así es utilizada hoy en día, por ejemplo, en las parturientas, pero el Zen no es un técnica de relajación. La concentración en la respiración, ciertamente, es una técnica progresiva que encontramos en el Theravada, pero no en el Zen, por lo menos no en el Zen de Dogen y de aquellos que lo preceden, e incluso en el Theravada, la respiración se usa como un apoyo para principiantes y para tomar consciencia del cuerpo (y después para ir entrando en una serie de jhanas), no como un objeto por sí mismo, por ejemplo en el Anapanasati Sutta, el texto de referencia para esta cuestión de la respiración, encontramos:
«He aquí, monjes, el monje, va al bosque, debajo del árbol o a una choza vacía y se sienta; habiendo doblado y cruzado sus piernas, habiendo enderezado su cuerpo y habiendo establecido su atención consciente en frente de él, estando siempre consciente, inhala y exhala. [...] Y se entrena así: ‘voy a inhalar experimentado el cuerpo entero’ y se entrena así: ‘voy a exhalar experimentado el cuerpo entero’.»
No se trata pues de tranquilizarse sentándose de una determinada manera, precisamente en aquella postura depurada durante siglos como la más idónea, pero cuya idoneidad tiene que ser refrendada desde nuestro cuerpo real (por ejemplo, puede que halla quien tenga dificultad para sentarse con las piernas cruzadas, y entonces su postura "idónea" tendrá que ser otra que la canónica), es decir; sentarse con las piernas cruzadas, frente a un muro, con las piernas cruzadas, en la inmovilidad y el silencio, interior y exterior, sino, y sobre todo, de ser aquello que estamos siendo completamente, es decir ser ese estar sentado, sin añadirle nada más ni enturbiarlo con nada. Nada añadimos a eso, ningún pensamiento que nos distraiga de nuestra realidad presente.

Lo cual no es exactamente lo mismo que sentarse un rato en el suelo (a) leyendo un libro, por ejemplo la Biblia o algún Sutra, (b) reflexionar después sobre él, asociando las palabras recogidas en ese libro con nuestros propios pensamiento y dejándo que estos se desarrollen, (c) convirtiéndo después dicha reflexión en una plegaria dirigida a un dios, y (d) contemplando después en silencio aquella palabra de dios (los cuatro pasos de la lectio divina, según veo que son canonicamente definidos). Que es, @Daido, según dices en otro post, el tipo de práctica que sigues cada mañana; puede que muy inspiradora para quien espiritualmente se sienta cristiano, pero en la que resulta difícil reconocer a zazen, o al zen (aunque no se si quien por aquí practique con koan, tendrá una opinión contraria a la mía, que podría ser) y en la que tampoco se (pero ahí ya me pierdo) si algún cristiano se reconocerá; lo cual no quita que para ti sea una práctica valida, por supuesto, eso solo tu lo sabrás.

Volviendo a nuestra forma de sentarse en el zen. En el Dasheng qixin lun, o Discurso del despertar a la fe en el Mahayana, un texto budista chino del s. VI, por tanto anterior a la formación de las múltiples escuelas budistas que florecieron en China y después en Japón, pero venerado, estudiado y practicado por todas las escuelas extremo orientales (Dogen, por ej., lo cita en diversos escritos suyos), y que reune muchas de las características propias del budismo extremo oriental encontramos (los subrayados son míos)
«Si alguno práctica la cesación debería vivir en un lugar tranquilo, sentarse con la espalda enderezada y con recta intención, sin confiarse en la respiración, sin confiarse en formas y cuerpos físicos, sin confiarse al vacío, sin confiarse a la tierra y el agua, el fuego y el viento, sin confiarse incluso a aquello que ha visto u oído, a sensaciones o saberes. Todos los diversos pensamientos e ideas, apenas aparecen, todos, son abandonados, e incluso el pensamiento de abandonar [los pensamientos] es dejado de lado; puesto que fundamentalmente todas esas cosas tienen el rostro de la no existencia.»
Si hacemos así, nuestra naturaleza real y/o nuestra naturaleza esencial coinciden con aquello que somos, con aquello que estamos siendo en ese momento; alguien que esta sentado, en una determinada postura, sin hacer nada más. La naturaleza esencial, la naturaleza auténtica, no es otra cosa que naturaleza, y en el fondo podría prescindirse del adjetivo. Es algo así de simple, un ser ahora que abarca todo, que no está separado de nada pues nada separa.

Daido
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Daido » 22 Oct 2019, 19:04

Hola @Roberto, agradezco tu amable post, que he leído con mucho interés. Mañana paso a contestarte, pero preferiría hacerlo en un foro distinto, por dejar este para continuar en la misma línea, con intervenciones, pero sin crear un debate paralelo en él. Tu post tiene que ver más que nada con la práctica de shikantaza, y creo que será bueno que abramos un hilo aparte para ello. Yo mismo lo creo, y seguimos allí. Está bien que tu post quede aquí, por cuanto dices que puede servir de aviso para los que entren a leer, lo cual me parece correcto. Nos vemos en el otro foro.

Namaste

PD También voy a abrir otro, con el nombre de Lectio Divina, en esta misma sección, porque también hablas de ella, y son temas distintos.

Daido
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Daido » 23 Oct 2019, 08:40

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (6,12-18):

Que el pecado no siga dominando vuestro cuerpo mortal, ni seáis súbditos de los deseos del cuerpo. No pongáis vuestros miembros al servicio del pecado, como instrumentos para la injusticia; ofreceos a Dios como hombres que de la muerte han vuelto a la vida, y poned a su servicio vuestros miembros, como instrumentos para la justicia. Porque el pecado no os dominará: ya no estáis bajo la Ley, sino bajo la gracia. Pues, ¿qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la Ley, sino bajo la gracia? ¡De ningún modo! ¿No sabéis que, al ofreceros a alguno como esclavos para obedecerle, os hacéis esclavos de aquel a quien obedecéis: bien del pecado, para la muerte, bien de la obediencia, para la justicia? Pero, gracias a Dios, vosotros, que erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquel modelo de doctrina al que fuisteis entregados y, liberados del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia.
Este pasaje ofrece dos posibles interpretaciones: una es dogmática, y no nos interesa aquí. La otra interpretación podría llamarse "interpretación Zen" (en el sentido de apoyarse en la experiencia Zen), y por supuesto va más allá del dogmatismo. Con todo, no buscamos hacer aquí una mera interpretación. Ese no es el objetivo del presente foro. El objetivo es usar los evangelios y otros escritos bíblicos, como punto de partida hacia la propia experiencia de kensho. O como un apoyo. (Un dedo que señala la luna, en una palabra)
Ofreceos a Dios como hombres que de la muerte han vuelto a la vida
Hombres (y mujeres, evidentemente) que de la muerte han vuelto a la vida. De eso se trata. De volver a la vida. Pablo se basa sin duda en su experiencia, al caerse del caballo: el volvió a la vida, desde la muerte. En el Zen sabemos efectivamente que tal cosa sucede. Es la experiencia que se llama kensho, o satori. Una de las ramas del Zen considera que esa experiencia es el punto de partida (no de llegada). Otra de las ramas obvia tal experiencia, diciendo que no hay nada que conseguir mediante el zazen, ya que el estado de buda está presente aquí y ahora. Ambas escuelas tienen sus razones. No entraremos a debatirlas aquí. Pero, en todo caso, la resurrección es eso: el kensho. En la tradición cristiana, sería la experiencia mística de unidad con Dios. Esa experiencia, es básica en ambas tradiciones. ¿Cómo alcanzarla? Entraremos en eso un poco más tarde con la lectura de un pasaje evangélico.
El pecado no os dominará
Repito que pecado en su sentido original, significa fallo o tropiezo. No es cometer ninguna fechoría. Saltarnos un mandamiento, y tener que ir a confesarnos. No debemos tomar el pecado aquí, en el sentido de transgredir un mandamiento. Se puede ser un seguidor cabal de la Ley (los fariseos lo eran) y estar en pecado. Lo contrario, sin embargo, no está tan claro: si no se está en pecado (se está en el camino, el Tao), generalmente no se transgrede la ley (al menos, no contínuamente). Si se transgrede, algo falla.

Cuando Pablo dice que el pecado no nos dominará, nos indica cómo seguir el camino: ofreceos a Dios. Sed uno con Dios. Volved al Tao. Es difícil, ser uno con Dios, si no se alcanza la experiencia de kensho, por eso deberíamos poner todo de nuestra parte para alcanzarla, si esto es posible. Si no es posible, seguir los preceptos, (si se es budista) o los mandamientos (si se es cristiano), es de una gran ayuda. Pero esto último es solo un remedo de lo primero. Es algo provisional, que no puede tomarse como lo principal. Por desgracia, a menudo sucede lo contrario, y los creyentes toman la Ley como lo más importante. Se equivocan: NO LO ES. Y así lo dice Pablo:
Ya no estáis bajo la Ley, sino bajo la gracia.
El cristianismo tiene un punto de vista enteramente propio y peculiar: no es el esfuerzo personal el que lleva a la salvación (la iluminación o kensho). Es la gracia. Esta idea es completamente única. En el budismo en general (incluyendo el Zen) tiende a considerarse que es el esfuerzo personal el que lleva a la Iluminación. En ese sentido, cuanto más zazen se haga, mejor. Puede considerarse que es la práctica de zazen la que, de alguna manera, desencadena en cierto momento la iluminación, pero ¿es así? Mucha gente se pasa la vida haciendo zazen, y no la alcanza.

Otros, casi sin haber hecho nunca (o casi nunca), pueden alcanzar un kensho importante. El caso del sexto Patriarca es notorio: sin haber hecho jamás zazen en su vida, al oír la recitación de un Sutra, se le abrió el ojo de la sabiduría y tuvo el kensho. Según la visión cristiana, la gracia habría actuado en él de un modo fortuito y le habría llevado a experimentar a Dios de un modo directo. Sin embargo, pensar que la gracia es lo único que importa, es un error también. El esfuerzo personal es casi siempre necesario. ¿Por qué? Lo veremos a continuación.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,39-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»
Ahí hay una contradicción, ¿no es cierto? Pero esa contradicción contiene la clave del asunto. Esa contradicción es una enseñanza de un enorme valor. ¿Por qué? Al practicar zazen (o meditación, oración, o recitación de mantras…, sea cual sea nuestra práctica) lo hacemos normalmente con la intención de llegar a la meta, que llamamos iluminación en el caso budista, y unión con Dios en el caso cristiano. Pero Jesús ahí en ese pasaje nos pone las cosas ciertamente en claro. No es esa la razón por la que se practica.

En esa parábola, ¿Quién es el ladrón? Me temo que la interpretación oficial no da en el clavo. Generalmente el ladrón es el malo, pero no aquí. En el Zen por ejemplo se dice, que el maestro es como un ladrón que te roba lo bueno y lo malo. Ya lo vemos, el ladrón puede ser el maestro. Y aquí es más que maestro: el ladrón es Dios mismo. El ladrón abre un boquete en la casa. La imagen es extraordinariamente fidedigna, cuando se considera el kensho, porque el kensho, se dice, es como hacer un agujero en la pared de nuestra casa (donde estamos aislados) y dejar que entre un rayo de luz. (En el caso de que sea un kensho grande, se hace un boquete, no un pequeño agujero). Así pues, el boquete es lo importante.

“Comprended”, dice Jesús. Daos cuenta. Ved la razón por la que es necesaria la práctica. ¿Es estar ahí sentado a la espera de que llegue el ladrón? ¡No! Esa no es la razón. Si el dueño de casa lo ve llegar, no le dejaría abrir el boquete. Lo cierto es que hacer zazen es estar ahí, pero no esperando a que llegue el ladrón. La atención se pone en la respiración, en contarla, en el koan… O el hara, quizás. Pero en nada más. El ladrón es el Hijo del Hombre, en palabras de Jesús. Él es el que va a llegar a abrir el boquete.

Esto parece extraño. Si, de lo que se trata es de que el ladrón haga el boquete, ¿por qué estar ahí preparados? Antes ha dicho que si el dueño está presente, el ladrón no podrá abrir el boquete. Ahora dice lo contrario, que estemos preparados para cuando venga y haga el boquete. ¿En qué quedamos? Es curioso que esta aparente contradicción sea la clave de todo el asunto, muy curioso.

Hay que estar ahí... sin estar ahí. Esa es la clave. Estar ahí, haciendo zazen, sin esperar al ladrón, porque mientras lo esperemos, el ladrón no hará el boquete. ¿Por qué? Se lo impediríamos, simplemente. Nuestra presencia ahuyenta al ladrón. “Bien, entonces, lo mejor es no estar ahí”, diríamos. Vámonos a dormir, y que entre el ladrón. Lo malo es que si hacemos tal cosa, cuando el ladrón llegue, no nos daremos ni cuenta. Y esto es lo que sucede a menudo, por otro lado.

A veces, al despertar por la mañana, sentimos un enorme descanso, como si hubiésemos estado en una dimensión profunda y reparadora. Y así es, en efecto. En el sueño profundo, el sueño sin sueños, el ladrón hace un boquete y entra, pero desgraciadamente no nos damos cuenta. Estamos dormidos y no somos conscientes de ello. El kensho es eso mismo, pero siendo consciente. Esa es la diferencia. Hay que ser consciente de ello, para poder ver al ladrón cara a cara. Por eso, hay que estar ahí… sin estar ahí. Un punto difícil, sí. Eso es el zazen.

Namaste

Daido
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Daido » 24 Oct 2019, 09:25

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (6,19-23):

Uso un lenguaje corriente, adaptándome a vuestra debilidad, propia de hombres; quiero decir esto: si antes cedisteis vuestros miembros como esclavos a la inmoralidad y al desorden, para el desorden total, ponedlos ahora al servicio de la justicia para vuestra santificación. Cuando erais esclavos del pecado, la justicia no os gobernaba. ¿Qué frutos dabais entonces? Frutos de los que ahora os avergonzáis, porque acaban en la muerte. Ahora, en cambio, emancipados del pecado y hechos esclavos de Dios, producís frutos que llevan a la santidad y acaban en vida eterna. Porque el pecado paga con muerte, mientras que Dios regala vida eterna por medio de Cristo Jesús, Señor nuestro.
El lenguaje corriente que usa, siglos después fue tomado por el clero como el habitual en sus imprecaciones. Es un lenguaje en cierto modo acusador. Una regañina: Habéis sido pecadores, esclavos de la inmoralidad y el desorden, esclavos del pecado… Sois unos indeseables. ¿No es este el modo como el clero se dirigía a sus fieles, hasta no hace tanto tiempo? ¿Es ese el propósito de Pablo? ¿Regañar a sus fieles? Como palabras que salen de alguien que es un maestro, su propósito debe haber sido muy distinto. Su propósito era el de guiarlos a la Iluminación y, sobre todo, de guiarlos después de la Iluminación.
Si antes cedisteis vuestros miembros como esclavos a la inmoralidad y al desorden, para el desorden total, ponedlos ahora al servicio de la justicia para vuestra santificación.
Ceder los miembros a la inmoralidad y el desorden significa aquí, vivir para el ego. Es lo normal, vivir para el ego. La inmensa mayoría de las personas viven para sus egos. Tú y yo también. Incluso si has tenido el kensho, y has experimentado la REALIDAD, de un modo inequívoco, el ego vuelve después, y a veces vuelve con mucha más fuerza. Vuelve revestido incluso de una falsa “iluminación”. No hay ego peor, que el ego iluminado. Nada peor… (suspira).

Es obvio que el ego vuelve, y esto queda plasmado en uno de los “cuadros del boyero”, concretamente el cuarto, que dibuja a una persona luchando con un buey. En el tercero de esos cuadros, el buey (la naturaleza de la mente) aparece por primera vez ante el boyero (eso representa el kensho). En el cuarto, el boyero tiene que amarrarlo y pelear con él. El poema del cuadro, dice:
Tiene que atarlo corto y no soltarlo,
porque el buey es arisco todavía.
Ya arremete contra las cumbres,
ya se refocila en brumoso desfiladero.
Pablo está haciendo referencia a esto, sin duda.
Cuando erais esclavos del pecado, la justicia no os gobernaba.
Cuando seguíais al ego, no teníais noticia de la naturaleza esencial, el Tao, Dios.
¿Qué frutos dabais entonces? Frutos de los que ahora os avergonzáis…
¡Cuantísima razón!
… porque acaban en la muerte.
Vivir separados del Universo y del Tao, es estar muerto. Tienes que poner todo de tu parte y volver a la Vida: resucitar. Tienes que confiar en la gracia. Tienes que practicar la oración, el zazen, tener un maestro y despertar: alcanzar una visión de tu naturaleza propia. El kensho.
Ahora, en cambio, emancipados del pecado y hechos esclavos de Dios, producís frutos que llevan a la santidad y acaban en vida eterna.
El kensho lo cambia todo. Es la piedra angular. Pero ahora empieza un camino de lucha, no te equivoques. Esa experiencia no es el final: es solo el principio. Ya has visto lo que significa estar en pecado, y sabes lo que es estar emancipado. Ahora ya no debes seguir al ego, debes seguir el Tao, Dios. Eso dará frutos muy distintos. Frutos que llevan a la Vida Eterna. O la Vida, simplemente.
Porque el pecado paga con muerte
El pecado es la muerte misma. No es transgredir la Ley, sino estar fuera del Camino: el Tao, Dios. Salir del camino es estar muerto. Es la separación del Universo, el Tao, Dios. El pecado para Pablo, es salirse el camino, no transgredir la Ley. Pero esto no parece saberlo casi nadie, hoy en día (menos que nadie, el clero).

Y, atención:
Dios regala vida eterna por medio de Cristo Jesús, Señor nuestro.
Dios regala la vida eterna, no tienes que conseguirla a base de puños. Este es el punto más importante. Y la regala, porque la vida eterna está siempre presente: es el Aquí Ahora. Está justo en este momento. ¿Por qué no la vemos? Nos hemos salido del Aquí Ahora. Ese es el pecado. ¿Cómo volvemos? POR MEDIO DE CRISTO JESÚS.

Lamentablemente, estas palabras de Pablo han sido muy mal interpretadas por sus descendientes, el clero. Ellos han considerado a Cristo una persona. Lo es, sin duda, pero es más que una persona. Cristo es nuestro centro, nuestra naturaleza esencial. Es el Tao, sí, pero en este caso, actúa de maestro. Cristo es el maestro interior. Aquí Ahora lo tenemos con nosotros. Sentarse en zazen es el modo más efectivo de verlo, aunque no es fácil verlo de manera inmediata (verlo, pero no con los ojos). Normalmente requiere de tiempo.

Y normalmente hace falta un maestro exterior para conectar con el maestro interior: Cristo. O puedes llamarle de otro modo, pues el nombre no importa.

Y ahora, cambiamos el tercio:
Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,49-53):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla. ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»
Estas son palabras que hablan de estados de lucha interior por los que, generalmente, hace falta pasar para llegar al bautismo, el kensho.
¡Qué angustia hasta que se cumpla!
Sí. Una gran angustia. Ve sobre aviso. El camino que va directo, es el más difícil. Es difícil antes, y es difícil después. Practicar con el koan MU es normalmente el camino más directo. Y es el más duro. Esas palabras de Jesús hablan de ello. Guerra. División. La mente en lucha. Todos contra todos. No habla de las cosas de fuera (guerras y luchas, siempre las hay fuera). Aquí, habla de las de dentro. Ese estado de angustia, sucede, y echa para atrás a muchos. Sabiéndolo, quizás seas uno de los que continúe, en vez de abandonar.

Namaste.

Daido
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Daido » 25 Oct 2019, 15:49

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (7,18-25a):

Sé muy bien que no es bueno eso que habita en mí, es decir, en mi carne; porque el querer lo bueno lo tengo a mano, pero el hacerlo, no. El bien que quiero hacer no lo hago; el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago. Entonces, si hago precisamente lo que no quiero, señal que no soy yo el que actúa, sino el pecado que habita en mí. Cuando quiero hacer lo bueno, me encuentro inevitablemente con lo malo en las manos. En mi interior me complazco en la ley de Dios, pero percibo en mi cuerpo un principio diferente que guerrea contra la ley que aprueba mi razón, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mi cuerpo. ¡Desgraciado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo presa de la muerte? Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, y le doy gracias.
Otra larga cita de la carta a los Romanos, en la que los dogmáticos y moralistas se frotan las manos. Lo bueno, lo malo, el pecado, la Ley… Hay mucha carroña de la que echar mano. La carroña es la letra muerta. La letra muerta es cuando creemos que lo que está escrito ahí, es un mensaje cifrado. Pero no lo es. Es un dedo que apunta a la luna, si lo consideramos desde el punto de vista del Zen (en particular, de los koan zen). Veámoslo con algún detalle.
Sé muy bien que no es bueno eso que habita en mí, es decir, en mi carne
Eso que habita en mí, o sea, en mi carne, es el falso yo: el ego. Y no es bueno, no. Nos saca del camino. Es una manera peculiar de expresarlo. ¿Habita en mí, pero no soy yo? Es precisamente el yo. Es el yo y el mí. Es el problema de cada uno de nosotros y el problema del mundo. El yo.
…el querer lo bueno lo tengo a mano, pero el hacerlo, no.
¿Qué es querer lo bueno? ¿Hacer buenas obras? Eso es fácil de hacer. Sacar la cartera y dar un euro a un pobre, no requiere una gran iluminación. Si hacer lo bueno es sentarse a orar, meditar, contemplar… eso lo puede hacer el pequeño yo (de hecho lo hace cada día). Por tanto, ¿qué es lo bueno que no puede hacer el yo? No esperes una respuesta fácil. Hazte la pregunta y averígualo por ti mismo.
El bien que quiero hacer no lo hago; el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago.
El pensamiento discursivo no obedece al yo. El yo es fruto del pensamiento discursivo, y en modo alguno su dueño. El yo no decide en que pensar, ¿te has dado cuenta de eso? Es lo primero que uno descubre cuando entra a practicar zazen. El pensamiento es como una rueca que gira y gira y gira… ¿Quieres pararlo? No puedes. ¿No quieres seguirlo? Eso es lo que haces constantemente.
Entonces, si hago precisamente lo que no quiero, señal que no soy yo el que actúa, sino el pecado que habita en mí
¡Ah amigo! No soy yo el que actúa. No soy yo, sino el pecado que habita en mí. ¿Y qué pecado es ese? No hay otro pecado que el ego, el pequeño yo. Llámale pecado original, si quieres, porque lo es. Es el fallo primordial. El error primero. El nacimiento del yo en la mente, como consecuencia del pensamiento discursivo, es el pecado original. ¡Pero el pensamiento discursivo no tiene nada de malo! ¿Qué es lo que falla, pues?
Cuando quiero hacer lo bueno, me encuentro inevitablemente con lo malo en las manos.
¿Qué es lo bueno que quieres hacer? ¿Qué es lo que aparece en tus manos inevitablemente? Preguntas para cuando medites. Así no te aburres. :lol:
En mi interior me complazco en la ley de Dios
¿Cuál es la ley de Dios? ¿Los mandamientos? Ve un poco más allá. Hakuin escribe en el Shodoka:
La ética de la naturaleza esencia, es como una piedra preciosa prendida en el fondo de mi corazón.
La ética de la naturaleza esencial, es otro nombre para la ley de Dios. Hakuin encuentra la ética de la naturaleza esencial en su corazón. Pablo se complace en la ley de Dios, en su interior. Casi idéntico. Cambian las palabras, la señal es la misma. ¿Hacia dónde apunta?

Pablo añade:
Percibo en mi cuerpo un principio diferente (a la ley de Dios)
Ese principio es el principio de todo el maremágnum, sí. Ese principio ¿Cuál es? Ese principio soy yo. ¡Ve más lejos! O ven más cerca. Ven a donde no hay yo. Ven antes del principio. Entra en el sin principio.
Un principio diferente que guerrea
Mientras haya un yo, habrá guerra, sí. Dentro y fuera.
Me hace prisionero de la ley del pecado que está en mi cuerpo
¿Qué ley es esa? Esa es una pregunta fácil. Yo quiero. Yo no quiero. El deseo, sí.
¡Desgraciado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo presa de la muerte?
Pregunta a Bodhiharma, él te librará. “Encuentra a ese desgraciado y tráelo delante de mí” Dice Bodhidharma. “Lo he buscado y no lo he podido encontrar” dices tú. “Ya te he librado de él” Dice Bodhidharma.

Pero Bodhidharma no es accesible. ¿No hay una manera más inmediata? La hay:
Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, y le doy gracias.
El Tao actúa dentro de ti, por medio de Jesucristo. No el personaje histórico, no. El Cristo que está en ti. Está más cerca que Bodhidharma. Está muy, muy cerca. Está justo aquí. Justo ahora.

Y ahora vamos al evangelio:

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,54-59):
En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: "Chaparrón tenemos", y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: "Va a hacer bochorno", y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo.»
Entonces...
¿Hipócritas? :shock:
No es un insulto. Está nombrando a quienes están a su alrededor. En griego, la palabra hipócrita tenía las connotaciones de “actor”. Somos actores, sí, eso es lo que somos, ¿no es increíble? El ego es un actor. Siempre estamos actuando. Según con quién estés, así actúas. Es como si el ego tuviese un carro de disfraces. Hay unos cuantos que son los más habituales, sí, porque son los que hemos aprendido a usar mejor. Eso es básicamente la educación que hemos recibido, de nuestros padres, maestros, profesores, amigos, enemigos… de todos los seres humanos que hemos conocido, aunque solo sea coincidiendo con ellos el metro por un instante.

¿Hemos aprendido a usar el disfraz, entonces? Oh si solo fuera eso. Pero es mucho más que eso. Hemos aprendido a identificarnos completamente con el disfraz. Tanto, que no es como una segunda piel. ¡Es la primera y única piel! Hasta cuando estamos solos (yo paso mucho, muchísimo tiempo solo, en esta cabaña en los Pirineos, donde hago retiros constantes). Estando aquí solo, el ego sigue estando. Asombroso.
¿Cómo no sabéis interpretar el tiempo presente?
¿Puedes interpretar el momento presente? ¡No! No quiero palabras. Tampoco quiero no palabras. Aquí y ahora, ¿qué es el momento presente?
¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer?
¿Qué debo hacer? ¡Qué dilema! ¿Me quedo aquí o me voy? ¿Qué sentido tiene esto? ¿De qué vale estar aquí solo, en esta especie de ermita? ¿Qué voy a conseguir? ¿Qué hago? ¿Sigo o no sigo? ¡Que absurdas preguntas! ¿Qué necesidad hay de hacérselas? Aquí y ahora solo hay una cosa que hacer. ¡Una sola! Sabiendo que no hay otra cosa que hacer, es muy fácil hacerla. ¡Hazla!
Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino.
¿Quién dijo que Jesús no tenía sentido del humor? ¿Acaso no te ríes? Me recuerda el humor de los maestros Zen, sí, pero no es lo mismo. Cada uno en su estilo hace reír a carcajadas. ¡Haz lo posible por llegar a un acuerdo con el juez, mientras estés en camino! JAJAJAJAJA…. :lol: ¿Cómo lo hago? Es difícil que convenza al juez de que mis fechorías eran en realidad buenas acciones, con ligeras diferencias. “He matado, he robado, he fornicado…. Señor Juez, pero no lo hice con mala intención” JAJAJAJAJA…. :lol: ¿Así quieres convencerle?

¿Cómo, entonces? Mientras vais de camino. Mientras vais de camino. Mientras vais de camino… Estate en el camino. Eso es todo. ¿Que, qué es el camino? Oh, el camino. Hmmm Estoy cansado de escribir. Mejor lo dejamos aquí por hoy.

Namaste.

Daido
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Daido » 03 Nov 2019, 10:38

Llevo algunos días ya sin poner nada, porque es realmente un trabajo venir cada día a comentar desde un punto de vista Zen, cada lectura de la misa del día. En ese sentido, la IC es de una gran ayuda, pues no se tiene que preocupar uno de ir mirando aquí y allá en el NT y el AT, para ir comentando. Ella se encarga de hacerlo por ti, y te pone cada día un desayuno de citas bíblicas para que le hinques el diente. Es una ayuda que no es de despreciar. Seguiré entrando a comentar, aunque no sea cada día.

Namaste (es un saludo universal)

Daido
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Daido » 03 Nov 2019, 11:02

Lectura del libro de las Lamentaciones (3,17-26):

Me han arrancado la paz, y ni me acuerdo de la dicha; me digo: «Se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Señor.» Fíjate en mi aflicción y en mi amargura, en la hiel que me envenena; no hago más que pensar en ello y estoy abatido. Pero hay algo que traigo a la memoria y me da esperanza: que la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión: antes bien, se renuevan cada mañana: ¡qué grande es tu fidelidad! El Señor es mi lote, me digo, y espero en él. El Señor es bueno para los que en él esperan y lo buscan; es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.
Este texto refleja un estado de ánimo muy frecuente en todos nosotros, especialmente cuando meditamos o hacemos zazen. La meditación no es que lleve a estos estados. Para nada es así. Estos estados vienen... y se van. Durante el zazen, eso sí, somos mucho más conscientes de tales estados. Es como si pusiésemos un cristal de aumento, y por más que lo deseemos, no vemos otra cosa que lo que hay en el momento actual. Y muchas, muchísimas veces, lo que hay son estados de desasosiego.
Me han arrancado la paz, y ni me acuerdo de la dicha
Tal vez esta mañana, tu estado era muy distinto, ya ves. Creíste haber alcanzado una realización y ahora te das cuenta de que ese estado ha pasado de largo. ¿Es que estás haciendo algo mal? No. Para nada. Esto que te ocurre es normal. La verdadera realización, nada tiene que ver con esos estados pasajeros.
Pero hay algo que traigo a la memoria y me da esperanza: que la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión: antes bien, se renuevan cada mañana
Este es un pensamiento positivo, sin duda. Puede echarse mano de él, si hay necesidad, porque es verdad, el Señor, que es el Tao, Dios o Cristo (ningún nombre le sirve, pero tiene muchos) siempre está ahí con su misericordia (misericordia significa amar a los que sufren). Pero no es necesario estar pensando en él sin parar. Tal vez es bueno acordarse, pero no sirve de nada estar pensando en eso, ni en ninguna otra cosa. Es mejor (mucho me
jor) dejar ir ese pensamiento y todos los demás, y ser CONSCIENTES de nuestra miseria (sufrimiento), porque esa miseria es también el Tao.

_/\_ (saludo totalmente universal)

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