El Evangelio a la luz del Zen

Esta categoría recoge temas en los que otras tradiciones o caminos religiosos dialogan con el budismo zen.
Daido
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El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Daido » 12 Oct 2019, 20:57

Hola.

Como creo haber dicho ya en más de una ocasión, practiqué con Ana María Schluter (Kiun Roshi) durante unos diez años. Es el periodo de entrenamiento más largo que he tenido con ningún maestro. Fueron unos diez años, durante los cuales hice del orden de 50 o 60 seshins (unos seis al año). Trabajé con ella cuatro colecciones de koans, dejando la última sin terminar. Los koans, ciertamente, me enseñaron cosas. Hubo algunos que incluso me llevaron a experiencias profundas. Otros se quedaron más bien en la superficie. Pero aprendí lo que es un koan, y como trabajar con él.

Los koans pueden ser de dos tipos: los hay que son como flechas que apuntan a la diana, y pretenden llevar al practicante a la realización del vacío. Otros, buscan más bien aclarar lo que haya podido experimentarse con los primeros. Estos últimos son los que aparecen fundamentalmente, en las colecciones de koans, Mumonkan, Hekiganroku y Shoyoroku. La primera colección, llamada Miscelánea, lleva sobre todos koans del primer tipo. Luego hay otra colección, llamada la Transmisión de la Luz, que no trabajé. Esta no se utiliza mucho, y parece que en el fondo no es muy importante, pues casi nunca hablan de ella los maestros que la han pasado.

Los koans en sí, son casos o poemas que tienen que ver con el despertar y el "aterrizaje" posterior en el mundo de la forma. Cada koan se pasa en dokusan con el maestro, y este es el que da el visto bueno final al discípulo. Si está maduro, puede nombrarlo descendiente dharma y darle el grado de maestro. No es mi caso, pues yo no terminé el entrenamiento, ni maduré lo suficiente, al parecer. Hoy no tengo ya ningún interés en tener el título de maestro, y me alegro mucho de haberme quedado sin él. Mi camino no va por ahí.

Pero en todo caso, practicar con los koans me enseñó algo que no tiene por qué quedarse en los koans Zen. Los koans no se quedan solo en las colecciones del Zen, sino que están por doquier. Están por ejemplo en el Tao Te Ching. En los sutras también, por supuesto, y muchos aparecen en las colecciones citadas. Y pueden posiblemente encontrarse también en los Evangelios. Pero no todo lo que viene en los Evangelios puede tomarse como un koan. Muchos pasajes pueden parecer koans, pero cuando se miran de cerca, se ve que no lo son.

¿Qué es lo que hace que un determinado pasaje o texto pueda tomarse como un koan, entonces? Es dificil de decir, pero tiene que tener algunas características específicas. Tiene que poder usarse como herramienta para la meditacion, entre otras cosas, pero no una meditación conceptual, sino que tiene que ser algo que apunte a la meta. ¿Y cual es la meta? Un cristiano diría que la meta es Dios, naturalmente. Un budista puede llamarle Iluminación o despertar. Una persona que practica el Zen, la llamaría probablemente Satori o Kensho.

Algo que llama la atención, es que los cristianos tienen un método que puede tener algunos puntos en común con la práctica del koan. Ellos lo llaman Lectio Divina, y consiste básicamente en leer los pasajes del Evangelio de la misa, y meditar luego en ellos, esperando algún tipo de iluminación que pueda llegar de Dios o, más apropiadamente, del Espíritu Santo. Se trata por tanto de algo que va en la dirección del kensho del Zen, (aunque considero que es harto improbable que eso pueda suceder simplemente con una lectura y meditación posterior, salvo en el caso de contemplativos natos, como puedan ser los monjes cartujos o similares).

Pero en todo caso, este método creo que ha sido usado por los antiguos Padres del Desierto, con diferentes variantes. También por los monjes cartujos de la Edad Media. Uno de los ejemplos más claros, es la Nube del No Saber, que es un texto del Siglo XIII, escrito por un monje anónimo inglés, en el que se propone un tipo de meditación, que tiene ciertas concomitancias con el koan Zen. El método consiste en usar una palabra corta, Dios, Jesús, Paz, Amor... y tenerla presente todo el tiempo. Quien haya practicado con el koan Mu, o el llamado Quien (de ¿Quien soy yo?), entenderá rápidamente donde radica la similitud.

En todo caso, no trataré de llevar a cabo aquí un estudio exhaustivo de los Evangelios, ni de escribir cada día sobre lo que viene en las Lecturas de la Misa diaria, que utilizo cada mañana en mi zazen (sería excesivo). No hay ninguna intención de llevar esto de una manera sistemática, como hice en cierta ocasión, en un foro, con un resultado más que dudoso. Además, no todos los días encuentro algo sustancioso en las palabras del Evangelio, o en otros textos bíblicos, y no siempre hay algo que paladear. Porque no se trata de hacer interpretaciones del Evangelio, desde un punto de vista Zen (un error en el que es fácil caer), o de llevarlo al campo del Zen, y decir que Jesús era una especie de Maestro Zen. Eso solo serviría para crear confusión, y dar la razón a la Congregación para la Defensa de la Fe.

La meta de este foro (por llamarla de alguna manera) sería crear un puente más entre la tradición del Zen y la cristiana. (un pequeño puente, pero es lo único que puede hacer el que esto escribe, que no parece haber nacido para realizar grandes obras). Una manera de mostrar, cómo el Zen puede apoyar al cristianismo, y puede ayudar a un cristiano a ser más, y mejor cristiano. Pero también de mostrar al practicante de Zen (budista o no budista), cómo el cristianismo puede aportar algo nuevo a su perspectiva de práctica. Porque el Zen en occidente, no será verdaderamente válido hasta que el cristianismo penetre en él. De eso, no tengo ninguna duda.

Namaste.

Daido
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Daido » 13 Oct 2019, 09:02

En las lecturas de la misa de hoy, el Evangelio no trae ningún pasaje del tipo koan, que es lo que nos ocupa en este foro. En cambio, la segunda lectura, que es la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (2,8-13), tiene un pasaje que apunta directamente al centro de la Mente. El pasaje es que transcribo a continuación:

La palabra de Dios no está encadenada

Esa palabra debería ser puesta con mayúsculas, pues no es una palabra corriente. ¿Qué Palabra es esa? Nos preguntamos. Es la misma Palabra que viene al comienzo del Evangelio de San Juan: En el principio era la Palabra, y la Palabra era Dios, y la palabra era con Dios.
La Palabra de Dios es el Tao. En la primera traducción que se hizo de la Biblia al chino, se usó precisamente la palabra Tao, en vez de Palabra. El que la usó, tuvo sin duda una inspiración importante. El Tao es Dios. El Tao es la Palabra.

La Palabra, el Tao, no está encadenada. No, no lo está. Es completamente libre. No tiene límites. Nada la constriñe. Pero esa Palabra, ¿Dónde está? Esa palabra es nuestra misma naturaleza esencial, y se encuentra justo aquí, justo ahora. Es este preciso instante, la Palabra está presente. No tenemos que ir a buscarla, pues siempre está con nosotros. ¿Por qué entonces no la vemos? ¿No la oímos? ¿No la tocamos, olemos o sentimos? Es una buena pregunta.

Si seguimos más adelante en la Carta de San Pablo, leemos:

Es palabra digna de crédito:
Pues si morimos con él, también viviremos con él;
si perseveramos, también reinaremos con él;
si lo negamos, también él nos negará.
Si somos infieles, él permanece fiel,
porque no puede negarse a sí mismo.

Aunque dice que morimos con él, lo correcto es decir que morimos con ella: con la Palabra. Y vivimos con ella igualmente. Morir con la Palabra es morir a las palabras (con minúsculas), es decir, los pensamientos. El ruido de la mente. La agitación…. El pequeño yo. El pequeño yo no existe como verdadero ser: es solo una apariencia, que tomamos como real, porque nos hemos acostumbrado a su falsa existencia, y de tanto tenerla delante, la hemos tomado como lo que somos. Pero no somos el pequeño yo, sino otra cosa: la Palabra. Si morimos con la Palabra a las palabras, viviremos con ella.

Y si perseveramos haciéndonos uno con la Palabra, reinaremos con ella. ¿Qué significa eso? Perseverar es seguir con la práctica de zazen, en cierto sentido, pero no solo con el rato o ratos que estamos sentados en el cojín, sino a lo largo de todo el día. Perseverar en este caso, es unirnos a nuestra práctica, la que hayamos recibido, o la que hayamos decidido hacer, y no estar cambiando de una a otra, constantemente. Es importante perseverar en la misma práctica, el mismo método.

Lo mejor es recibir la práctica de un maestro, no tomarla por nosotros mismos, pero si la hemos tomado por cuenta propia, tampoco pasa nada. La práctica debe continuar del mismo modo a lo largo de los meses y de los años. Si nuestra práctica es el koan MU, debemos volver a MU constantemente, dentro y fuera del zazen. MU es una práctica muy sencilla, no exige nada más que perseverancia. Lo mismo sucede con otras prácticas, como la pregunta ¿Quién soy yo? Es una práctica sencilla: es volver una y otra vez a la pregunta. ¿Quién? ¿Quién? ¿Quién?...
También la práctica de la respiración es simple. No hay más que seguirla de principio a fin, pero en nuestro método (el Zen), no para conseguir calma mental, como en el Vipasana. No tenemos necesidad de buscar la calma. Está vendrá por sí sola, si es que tiene que venir. Y si no viene, no debería importarnos en absoluto. Simplemente esta respiración. Este Mu. Este ¿Quién? Eso es todo.

Si nuestra práctica es contar la respiración, contar unooooo… es todo lo que debemos hacer. Después dooooosssss…., treeeeesssss…. Etc. Esta respiración, esta cuenta, una y otra vez. Si la perdemos, volvemos al principio. La práctica tiene más miga de lo que parece. Contando respiraciones se llega a la Palabra. Es un hecho comprobado por muchas personas que practican Zen, incluido quien esto escribe.
Una forma apropiada de practicar, para quien no tiene un maestro cerca, es probar con una palabra corta, de una o dos sílabas. La elección puede hacerse de acuerdo a los sentimientos propios. Si se es cristiano, Dios, Jesús o María pueden servir. Si se es simplemente agnóstico, la palabra Paz es muy apropiada. Este método se conoce hoy en día como Centering Prayer, y ha sido popularizado por el fallecido Padre Thomas Keating. (Hablaremos eventualmente más de este método en entradas posteriores).

Pero, repito, lo importante es perseverar. No cambiar de método, hacer siempre el mismo, porque “si perseveramos, reinaremos con él”. El método en sí puede parecer poca cosa, pero nos lleva más allá del pequeño yo. Eso es reinar. ¡Pero cuidado! No se trata de conseguir ir más allá del yo, pues ¿quién va a ir más allá del yo? Si alguien va más allá del yo, sigue siendo el yo. Ir más allá del yo sucede por sí mismo, si perseveramos. Es como una flor que se abre. Como un cielo despejado. Como el agua transparente de una vasija, cuando el lodo se ha posado en el fondo. Eso es reinar.

Si “negamos la Palabra, la Palabra nos negará”, dice después, pero inmediatamente añade que “si somos infieles, la Palabra permanece fiel”. Es decir, la Palabra no nos abandona NUNCA. Tanto si somos buenos, como si somos malos, si somos perseverantes, como si no, si creemos como si no creemos…. La Palabra no nos abandona. Siempre está aquí y ahora. En este preciso momento, mientras escribo, está aquí. El Tao nunca está ausente.

Una vez el monje Joshu le preguntó a Nansen: ¿Qué es el Tao? Y Nansen respondió “la mente ordinaria es el Tao”. Es decir, lo que sucede aquí y ahora. Justo esto, es el Tao. Es la Palabra. Joshu le pregunta entonces “¿Debo dirigirme hacia él, o no?” Y Nansen le dice, “si te diriges hacia él, te alejas de él”. No hay que buscarlo. Está aquí, justamente aquí. Solo vuelve una y otra vez al MU, a esta respiración, a esta cuenta de la respiración… Solo eso.

San Pablo termina diciendo que “la Palabra no puede negarse a sí misma”. La Palabra siempre está presente, nos fijemos en ella o no. Nosotros no somos quienes llegamos a la Palabra. Más bien la Palabra se hace patente cuando nos negamos a nosotros mismos, es decir, cuando vamos más allá del yo. La práctica no es otra cosa que eso: negarnos a nosotros mismos. Pero negarnos a nosotros mismos, es olvidarnos de nosotros mismos, en realidad. Y eso no se consigue. Eso ocurre, cuando tiene que ocurrir.

Namaste

Admin2
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Admin2 » 13 Oct 2019, 16:13

Hola @Daido, por la especificidad de los que planteas en tu nuevo tema, El Evangelio a la luz del Zen, hemos creado un nuevo foro, Diálogos con otras tradiciones, y hemos movido este tema allí. Un saludo desde la administración de forozen.es.

Daido
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Daido » 13 Oct 2019, 19:06

Perfecto. Mucho mejor así.

Namaste

Daido
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Daido » 14 Oct 2019, 08:08

En realidad, no hay un solo Jesús en los Evangelios.. Hay muchos. Hay un Jesús milagrero, un Jesús exorcista... en incluso un Jesús activista social. Y hay también un Jesús Maestro, el cual es el que aquí nos interesa. Este Jesús está presente en los cuatro Evangelios Canónicos, por supuesto, conviviendo al lado de los otros. Dicho de otro modo: Jesús tiene muchas facetas, y es la faceta de Maestro la que nos interesa especialmente, en este foro. No nos ocupamos aquí de ninguna otra. Esta faceta aparece de manera fortuita a veces, como una simple frase, que pasa desapercibida si no permanecemos atentos. En las lecturas de hoy, la frase es corta:

aquí hay uno que es más que Salomón

Luego la repite de un modo similar, diciendo aquí hay uno que es más que Jonás. ¿Quien es ese uno? Desde el punto de vista Zen, la pregunta no es banal.

Si ese uno fuese solamente el yo, no habría nada de especial en él. Curiosamente, Jesús no dice "yo soy más que Salomón". Si dijese eso, el Evangelio no sería mas que una novela escrita sobre un personaje mágico, un ser portentoso, un lider religioso de gran carisma, si se quiere. Pero no es eso en absoluto. Es mucho más que eso. Es uno que es más que Salomón, y Salomón es ciertamente uno de los reyes más poderosos de Israel.

Hay que tener en cuenta, que Jesús usa el lenguaje que le resulta familiar, para expresar lo que está más allá de las palabras. Cuando se alcanza el satori, la vision de la naturaleza esencial, la persona que ha llegado a esa vision trascendental, si quiere expresarlo usará las palabras que resulte para él más adecuadas. En oriente, esas palabras pueden ser las que vienen en los sutras, o en el Tao Te Ching, o en los textos sagrados que el conozca. En occidente, muchos de nosotros hemos tenido una especie de formacion catelquética católica, y puesto que es lo que recibimos de niños, es el lenguaje que puede ser el más inmediato.

El lenguaje de Jesús es el de los textos judíos de la Torah, seguramente, y echa mano de ellos: Aquí hay uno que es más que Salomón. Sin duda en el momento que lo dice, está en medio de una de esas experiencias místicas que parecó experimentar de un modo constante (casi permanente, en apariencia). Y la manera de decirlo es inmediata AQUÍ HAY UNO. Podría haberlo dejado ahí, pero de cara a los que le rodeaban en ese momento, podría no haber quedado claro, y añade QUE ES MÁS QUE SALOMÓN. Pero podría haber dicho también QUE ES MENOS QUE NADA. Pero dicho así, seguramente no habría sido entendido por casi nadie.

La pregunta es ¿QUIEN ES ESE UNO? Si sabemos responderla, podremos mirar el mundo con los ojos del Maestro Jesús, y andar con sus sandalias. Podremos ver "los ángeles del cielo subiendo y bajando", y podremos ser uno con Abba. Oiremos con sus oídos, y sentiremos la brisa en su rostro. Saborearemos con su lengua y oleremos con su nariz. Seremos más que Salomón, y más que Buda. Y más que Jesús (¿Blasfemia? ¡NO!). Seremos menos que un niño de dos años. Menos que un gato. Menos que una brizna de hierba. Menos que NADA.

Para averiguar lo que es ese UNO, hay que hacerse uno con el UNO. Hay que entrar en MU. Hay que entrar en el QUIEN SOY YO. Hay que entrar en la respiración que hacemos justo ahora. Y si la contamos, al decir uno, ser uno con uno. Y si es shikantaza.... ese es un punto más delicado, a mi juicio, por lo que no hablaré aquí de shikantaza. Pero es posible que abra un capítulo para hablar de él, porque de la gente que viene por aquí, hay algunos que creo que practican shikantaza. Será bueno comparar lo que sabemos y lo que no sabemos de esa práctica. Un saludo, que paseis un buen día.

Namaste

Daido
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Daido » 15 Oct 2019, 15:31

Hola, amigos:

En la lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (1,16-25), leemos este fragemento:
Yo no me avergüenzo del Evangelio; es fuerza de salvación de Dios para todo el que cree, primero para el judío, pero también para el griego. Porque en él se revela la justicia salvadora de Dios para los que creen, en virtud de su fe, como dice la Escritura: «El justo vivirá por su fe.» Desde el cielo Dios revela su reprobación de toda impiedad e injusticia de los hombres que tienen la verdad prisionera de la injusticia. Porque, lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista; Dios mismo se lo ha puesto delante. Desde la creación del mundo, sus perfecciones invisibles, su poder eterno y su divinidad, son visibles para la mente que penetra en sus obras.
En realidad el texto es más largo, y no tiene desperdicio, pero no podemos tomarlo todo, y cogerlo punto por punto , porque nos tomaría demasiado tiempo. Por eso nos quedaremos simplemente con algunos de los puntos más significativos, el primero de cuales es este:
El justo vive por su fe
Teniendo en cuenta que estamos ante un texto escrito en el Siglo I, las palabras hay que tomarlas con mucho cuidado, porque no significaban lo mismo entonces, que ahora. Por ejemplo, el término "justo", ¿Qué significado tiene en origen? El término tiene su origen en “iustus”, y este término contiene la raíz “ius”, que (sorprendentemente) significa “justicia”, pero también “derecho”. El justo es, por tanto una persona que está derecha. Y ahora, te pregunto: ¿Quién es el justo? Tienes que ser capaz de mostrarlo, sin la menor vacilación.

Los romanos representaban a la justicia como una mujer que tenía una venda en los ojos, que sostenía una balanza en una mano, y una espada en la otra. Esto puede interpretarse de muchos modos, por supuesto. Uno es que la justicia es ciega, y sopesa lo pros y los contras, antes de dar el veredicto, etc.

Pero desde la perspectiva del Zen, la interpretación es muy distinta. Una balanza es el símbolo del perfecto equilibrio. O sea, de estar en el punto justo, donde todo permanece en equilibrio. ¿Y qué punto es ese? También tienes que poder mostrarlo sin sombra de duda.

Cuando hacemos zazen queremos estar en el aquí y el ahora. Y eso es ser justo, no otra cosa. Estar en el momento presente, que es a lo que apunta el Zen, especialmente cuando nos sentamos en zazen, que no es más que una postura de perfecto equilibrio, por un lado. Y por el otro, es la sabiduría, que normalmente se simboliza con una espada. (La que la estatua de la justicia, tiene en la otra mano). La venda en los ojos, significa simplemente no entrar en el mundo de los sentidos.

¿Y qué es la fe? Hoy en día fe es sinónimo de creencia. Tener fe en Jesucristo, por ejemplo, y en su Iglesia, es creer en todo aquello que esa Iglesia nos transmite. Pero no es ese su significado original. Fe viene de “fides”, en latín, y esta viene de la raíz indoeuropea “behidh”, que significa, entre otras cosas, “confiar”. Tomamos la palabra fe, pues, en este sentido: tener confianza.

La persona justa es para mí. pues, la persona que practica, y pone la confianza en su práctica (la práctica de zazen, para mí). San Pablo está poniendo énfasis en eso, en que no dejemos nuestra práctica. Eso es ser justos, en un cierto sentido.
Desde el cielo Dios revela su reprobación de toda impiedad e injusticia de los hombres que tienen la verdad prisionera de la injusticia
El cielo equivale a vacío. En el cristianismo era usado en ese sentido. El reino de los cielos, es la dimensión del vacío, y equivale en todo al sunyata del Zen. Pero la visión del vacío desaparece cuando estamos fuera del Aquí Ahora. Cuando eso sucede, la Verdad es prisionera de la injusticia, es decir, de nuestra ausencia en el verdadero Yo. La verdad que vemos así, es solo una sombra de la auténtica Verdad (con mayúsculas), que es la visión justa: el momento presente: Aquí y Ahora. Esto es la Verdad. Pero la Verdad no puede explicarse, solo experimentarse y vivirse desde el vacío. Si no, está prisionera de la injusticia, la visión dualista, que es lo que aparece cuando no estamos en el momento justo: este mismo momento. La pregunta ahora es: ¿Qué es la Verdad? Tienes que poder mostrarla sin vacilar.
Porque, lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista; Dios mismo se lo ha puesto delante. Desde la creación del mundo, sus perfecciones invisibles, su poder eterno y su divinidad, son visibles para la mente que penetra en sus obras.
Todo está a la vista cuando estamos en el momento justo: el Aquí Ahora. Entonces no hay nada que no esté claro, porque es el mismo Dios el que nos lo muestra. Dios no oculta nada: todo nos lo pone delante. Si no lo vemos, es porque no estamos en el momento justo. Desde el principio del Universo, su misma esencia, el Tao, el vacío…, pueden ser experimentados por la mente, cuando está en el momento justo. Cuando la mente está en el momento justo (el sanmai del Zen), penetra la superficie de los dharmas (las cosas) y es capaz de ver la Naturaleza
de Buda en una manzana, el canto de un pájaro o el sonido de una campana. Y ahora te pregunto, ¿Dónde está la naturaleza de Buda en este mismo momento?

Todo está Aquí. Todo es Ahora. No pierdas de vista lo esencial. Regresa una y otra vez.

Namaste.

Daido
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Daido » 16 Oct 2019, 16:06

La Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (2,1-11), ofrece un mensaje poco interesante desde el punto de vista Zen. Esa lectura me sugiere que Pablo no era una persona iluminada. Jesús sí parece serlo. Pablo tuvo una experiencia de iluminación, cuando iba a caballo persiguiendo cristianos. Esa experiencia se narra en algún lugar del NT, y en principio parece un makyo. Un makyo fuerte, que le hizo caer del caballo y le dejó ciego. La narración no habla de nada más, pero en el cristianismo nunca se dice nada de nada. Lo cual desde el punto de vista Zen, es correcto, pero no aclara si la experiencia sucedió o no. Pero una experiencia de kensho no supone convertirse en un Buda. Pablo dista mucho de serlo cuando escribe cartas como la que hoy se lee:
Todos admitimos que Dios condena con derecho a los que obran mal, a los que obran de esa manera. Y tú, que juzgas a los que hacen eso, mientras tú haces lo mismo, ¿te figuras que vas a escapar de la sentencia de Dios? …..
Jesús en cambio no escribe ninguna carta, sino que habla directamente a los fariseos:
¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto habría que practicar, sin descuidar aquello. ¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle! ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo!
Sí, el lenguaje es ciertamente peculiar. También yo he sido educado por curas que usaban ese tipo de lenguaje, para después amenazar con castigos eternos. Los curas han hecho un daño incalculable a las personas de mi generación, que fuimos niños en la época del nacional catolicismo. Y Pablo en esa carta no se diferencia en nada de tales curas:
Con la dureza de tu corazón impenitente te estás almacenando castigos para el día del castigo, cuando se revelará el justo juicio de Dios, pagando a cada uno según sus obras….a los porfiados que se rebelan contra la verdad y se rinden a la injusticia, les dará un castigo implacable. Pena y angustia tocarán a todo malhechor, primero al judío, pero también al griego.
Pero Jesús no necesariamente amenaza. Más bien se lamenta. Siente tristeza de que se alejen del camino a la experiencia de Dios. Porque pagar el diezmo de la hierbabuena etc. es correcto (es dar limosna a la Iglesia, supongo), pero lo que hay que practicar es:
Practicar el derecho y el amor de Dios.
O será más bien,
¿Practicar derecho el amor de Dios?
Sí. Eso tiene sentido. Los Evangelios se han transformado tanto a lo largo de los siglos, dicen los estudiosos, que es difícil reconocer en ellos el sentido original. Pero puede aparecer, por sí mismo, a veces, como si una gema preciosa brillase en el fango.

Practicar derecho el amor de Dios, es… ¿zazen? Tal vez no, pero se le parece. En cualquier caso, el amor de Dios está aquí y ahora, y en ningún otro sitio y momento. Practicar con la espalda derecha, el amor de Dios. ¿Qué es practicar el amor de Dios? Aquí, ahora, me dejo ir a lo desconocido. Es el amor de Dios. Entro en el no yo. Eso es el amor de Dios. Y “esto es lo que hay que practicar”, pero… “sin descuidar lo otro”. Lo otro es pagar el diezmo, para los fariseos, pero para los que practicamos el Zen, sería tal vez recitar los sutras. No hay por qué dejar de recitarlos, por el hecho de entrar en la práctica profunda del amor de Dios.

Un punto llamativo es este:
¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo!
¿Tumbas? Sin duda están muertos, sí. Si no se ha tenido la experiencia de Dios, la iluminación o kensho, realmente se está muerto. La experiencia lleva a la vida, pero ciertamente no suele quedarse. Casi nadie deja de volver a la tumba. El kensho es una experiencia fugaz, que dura unos días. Semanas, como mucho. Un Maestro para mí es aquel que vive en esa experiencia de un modo permanente. Tangen Harada Roshi, era un Maestro. Aparte de él, no he conocido muchos más.

Pero admitamos que el común de las personas no somos Maestros, y que tras el kensho volvemos a ser como tumbas. Pero al menos, somos tumbas con señal, no tumbas en el suelo que todo el mundo pisa. Aunque hoy en día, las tumbas con señal las pisa todo el mundo también, no ha respeto para nadie. Pero…
Un maestro de la Ley intervino y le dijo: «Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros.
Un maestro de la Ley es un miembro del clero, no un verdadero Maestro. Si fuese un verdadero Maestro, no se sentiría ofendido. Solo el ego se ofende. Un Maestro es aquel que trasciende el ego. Y el maestro de la ley tiene su respuesta:
¡Ay de vosotros también, maestros de la Ley, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo!
¿Y qué cargas son esas con las que abruma el clero? Puede haber muchas, pero la principal es que son un obstáculo para que sus fieles experimenten el verdadero amor de Dios. Tenemos el caso de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que antes fue la Inquisición, y que recientemente emitieron un documento alertando a los católicos para que no practicasen el Zen. Naturalmente, ellos no ofrecen nada mejor. Solo cargas. La carga de esperar a morirse, para ir al cielo. O sea, vivir en una tumba sin nombre.

Namaste

Daido
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Daido » 17 Oct 2019, 15:28

Hoy tenemos de nuevo a Pablo en la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (3,21-30a):
Por la fe en Jesucristo viene la justicia de Dios a todos los que creen, sin distinción alguna.
Como ya dije anteriormente, fe es confiar, y creer es entrar en el corazón. Y justicia significa entrar en el Aquí Ahora, que es lo mismo. Si lo entendemos así, lo que Pablo quiere decir es que confiando en Jesucristo todos los que Le ponen en su corazón, entran en el Aquí Ahora (Presencia de Dios, Naturaleza de Buda, o simplemente “esto”), sin importar nuestra nacionalidad, raza o condición social. Tanto si somos creyentes, como si somos ateos, cristianos o budistas, santos o pecadores, pobres o ricos… todos estamos salvados si confiamos y ponemos en el corazón a Jesucristo. Jesucristo es otro nombre para la naturaleza esencial, naturalmente, al margen de que Jesús haya existido, o incluso si fuese simplemente una leyenda (hay evidencias de que no lo fue, según parece).
Todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y son justificados por su gracia.
Este es un punto importante. El pecado no es hacer algo malo o prohibido, sino estar separado de la gloria de Dios. Todos estamos separados de la gloria de Dios, debido a que hemos pecado. Pecar en griego era errar el tiro. En latín significa más bien tropezar, y salirnos del camino. En todo caso estar en pecado es estar separado de aquello que somos verdaderamente. Y lo que somos verdaderamente, ¿Qué es? Entra en el Aquí Ahora, y lo sabrás. Nadie tiene que explicártelo.

Claro, no sabes cómo hacerlo, pero no eres único en eso. Nadie sabe. Lo cierto es que todo lo que se enseña en las tradiciones orientales (la postura y todo lo demás) es algo meramente preparatorio, no es una manera de entrar. Cuando se enseña a sentarse en zazen, y se explica cómo hacerlo, no se está enseñando un método para entrar en la naturaleza esencial. No es eso. No es una técnica para conseguir la Iluminación.

Cuando se enseña a seguir la respiración, o a practicar con un koan, no se está realmente enseñando realmente una práctica. Es solo un modo de estar aquí, ahora: esta respiración, este Mu... En realidad, no hay manera de entrar en el Aquí Ahora (cuando lo pongo con mayúsculas, me refiero a la naturaleza esencial propia), pero tampoco lo necesitas, porque ya estás. La paradoja es que estando, es como si no estuvieses, porque te ves separado. Estás separado solo en apariencia, por tu ego, que es algo que no tiene existencia real. Pero no sabes qué hacer para ir más allá de tu ego.

Lo cierto es que tú no puedes ir más allá de tu ego. El yo, no puede ir más allá del yo. Esa es la paradoja, y nunca me cansaré de repetirla: por mucho que te esfuerces, no puedes entrar en tu naturaleza búdica. Decir que ya la tienes, (como dicen algunos que enseñan Zen, que sostienen que aquí ahora ya está la naturaleza de Buda, y no tienes que alcanzarla), no es tampoco solución. Puede que la tengas, pero no la ves, así que no te sirve de nada.

El cristianismo no habla de alcanzar nada. Ni dice que ya lo has conseguido. Lo que dice es que no eres tú, quien lo alcanza con tus esfuerzos, sino que es la “gracia de Dios” la que te lleva a ese estado. Así lo dice Pablo en su carta:
Son justificados gratuitamente por su gracia
La gracia es un don gratuito, y no tienes que hacer nada para alcanzarlo. Ni tienes que sentarte en zazen, ni tienes que orar, ni tienes que ir a misa, o recitar sutras. La gracia de Dios te es dada gratuitamente, en este mismo momento. La gracia es como una lluvia que cae incesantemente del cielo, y que moja a todos por igual. O como la luz del sol. No tienes que hacer nada para recibirla, solo volverte hacia ella. Y el asunto entonces no es, como alcanzar la iluminación, sino como abrirme a la gracia de Dios. ¿Cómo? Muy simple:
Apela a la fe en Jesús
Parece una broma, ¿no es cierto? Quizás esto te recuerde las charlas de catequesis de la Primera Comunión. Apelar a la fe en Jesús, es algo que nadie entiende. Nadie sabe cómo hacerlo. Y sin embargo, es lo que hacemos cada vez que nos sentamos en zazen. Y no solo al sentarnos en zazen, sino si meditamos caminando. O nos concentramos en cualquier tarea, haciendo samu. También cuando nos tumbamos a descansar. En cualquier momento, podemos apelar a la fe en Jesús. Eso es zazen.

Jesús, aquí, no es una persona. No es alguien que existió hace 2000 años, que murió y resucitó, y subió al cielo. Aquí, Jesús es una experiencia, no un ser externo a nosotros. Apelar a la fe, es pedir la fe. Clamar por ella. Dirigirte hacia ella. Buscarla. Eso es zazen, por supuesto. Te sientas, simplemente, y no miras hacia los objetos externos, sino hacia el interior. En ese sentido, shikantaza es el zazen genuino. Solo sentarte, y poner la atención en el hara. Nada más. Pablo lo dice con estas palabras:
Sostenemos, pues, que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley
No es necesaria ninguna obra. Quedar justificado por la fe, simplemente. Quedar justificado, es entrar en la naturaleza justa, el Aquí Ahora. Solo por la fe. Por la confianza. Sentarte, simplemente. Volverte hacia adentro, en este momento. Si practicas el Zen, eso es poner la atención en el Hara. Solo eso.

Y Jesús dice algo a los supuestos maestros que no enseñan cómo justificarse por la fe, sino que se dedican a liar a la gente con ideas, doctrinas etc, En el evangelio según san Lucas (11,47-54):
¡Ay de vosotros, maestros de la Ley, que os habéis quedado con la llave del saber; vosotros, que no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar!
Palabras muy duras. Los maestros de la Ley, no son verdaderos Maestros. Son el clero. Se saben la doctrina, y la Ley, pero no entran en su naturaleza esencial, y encima cierran el paso a los que quieren entrar, alertándoles de que no lo hagan, y que se dediquen a la misa dominical y a rezar un rosario de vez en cuando. ¡Y eso va también para vosotros, los que estáis en la Congregación para la Doctrina de la Fe, y decís a los demás que no hagan prácticas como el Zen! ¡Ay de vosotros! (Bueno, tampoco lo toméis tan en serio ;) )

Namaste

Daido
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Daido » 18 Oct 2019, 15:02

Lo único destacable de las lecturas de hoy, es esto que viene al final de la lectura del evangelio según san Lucas (10,1-9):
"Está cerca de vosotros el reino de Dios."
Algo simple y directo. El reino de Dios, la naturaleza esencial, sunyata, está cerca de ti y de mí, y de todos. Está tan cerca que no puedes verlo. Está Aquí Ahora. Justo Aquí Ahora. No es que esté aquí a mi lado, es que está dentro de mí. Dentro de mi interior, incluso, a donde yo no puedo entrar. Tan dentro que ya no está dentro. No está ni dentro ni fuera. Es… otra cosa. No se le puede buscar como quien busca algo que se le ha caído al suelo.

En los Evangelios, el reino de Dios es llamado otras veces el reino de los cielos. Es indudable que los cielos son el vacío. Y el reino, sería, como la dimensión. Se trata clarísimamente de la dimensión del vacío. No necesariamente el cielo por donde vuelan los pájaros. El vacío no se refiere al espacio, aunque puede compararse a él. Nosotros podemos reconocer el vacío, los pájaros no. Podemos, porque somos humanos, y tenemos mente humana.

Paradójicamente, al estar separados, podemos buscarlo y podemos encontrarlo. Al unirnos, desaparecemos en “ello”. Es solo al volver a separarnos que lo reconocemos, pero entonces lo perdemos. Esa es la cara y la cruz de nuestra condición humana. Esta vida nuestra, no está hecha para vivir en la plenitud de la dimensión de Dios permanentemente, sino para tener vislumbres de ella.

Las lecturas de hoy no tienen mucho más interés, desde el punto de vista Zen, aunque tal vez una segunda vuelta, puede hacer brillar un poco más de luz.
¡Poneos en camino!
¿Pero qué es el camino? ¡La mente ordinaria es el camino!
No os detengáis a saludar a nadie por el camino.

No os entretengáis pensando, dejad ir los pensamientos. No los saludéis. Volved al camino.
Comed y bebed lo que os den.

O id a comprarlo vosotros mismos, con el dinero que tenéis. Pero no compréis más de lo necesario. Contentaos con poco. Sed simples y andad derechos.
No andéis cambiando de casa.
Ni de práctica, ni de maestro, ni de escuela.
Curad a los enfermos
Cuando podáis decir sin sombra de duda "Está cerca de vosotros el reino de Dios.", es que estáis curados.

Namaste

Daido
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Re: El Evangelio a la luz del Zen

Mensaje por Daido » 19 Oct 2019, 16:22

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (4,13.16-18):

No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la e de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.» Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.»
Hola la pongo toda, porque realmente no tiene desperdicio. La lectura puede resultar farragosa y difícil de entender (y lo es). Por supuesto tiene una interpretación teológica o doctrinal, pero esa no nos interesa aquí. Nosotros la vemos desde otro ángulo: el ángulo del Zen. Hagámoslo paso a paso:
No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo.
Dice que se obtuvo para Abraham y su descendencia algo que llama "promesa de heredar el mundo". Hay que entrar en el lenguaje bíblico, que es muy diferente al lenguaje del Zen, para poder entender todo esto. Heredar el mundo, en cierto sentido es reinar sobre él, pero en el sentido que lo dice, es alcanzar la iluminación o el kenso. Tras el kensho, se tiene la sensación, en efecto, de reinar sobre el mundo. Es algo tan peculiar y tan imposible de entender, que resulta sorprendente. El mundo de la forma, que antes se ve apagado y difuso, de repente cobra vida. Eso es heredar el mundo, por supuesto. Y eso es algo que se comparte de algún modo, con todos los seres. De ahí que hable de la descendencia.

Para alcanzar semejante estado, no sirve de nada observar los preceptos y seguir una vida religiosa. Ese estado, el kensho, viene por otro lado. Ese estado es llamado por Pablo, la justificación obtenida por la fe. En otras entradas he hablado que justicia,justo, justificacion... todo tiene que ver con un estado, que puede llamarse "justo", en el sentido de ser "justo esto" (Just this! Just this!, decía Bodhin Sensei, el que fue mi maestro después de Ana María). O si se prefiere, llamémosla la "mente ordinaria". Lo que cambia es el lenguaje, no el fondo.
Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia
Este me parece el punto esencial de toda la tradición judeo cristiana. Lo que la hace diferente de las tradiciones de oriente, es que la justificación, el kensho, no se obtiene por los esfuerzos propios. No hay necesidad de seguir una vida religiosa, estudiar las escrituras, recitar sutras o sadanas, para obtener la iluminación. ¡Pero tampco zazen! La idea de que sentándote en zazen, alcanzarás el kensho es totalmente errónea. No puede alcanzarse por uno mismo. Solo por algo que no depende de ti. Algo que la tradición judeo cristiana, llama "Gracia". Todo depende de la gracia. Y la gracia no depende de ti. Depende de Dios, únicamente. La pregunta de nuevo es: ¿qué hacer para obtener la gracia de Dios?
Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe, Abrahán creyó.
Me he dado cuenta de que la palabra creer, en la Biblia, no signfica aceptar una ideología, como normalmente se asume. Creer es otra cosa: es alcanzar el estado de iluminación. El kensho o satori. Eso es creer. Creer en Dios, por tanto, no es aceptar la idea de Dios, sino experimentarlo. Tener una experiencia de unidad. Eso es creer, en la Biblia. Abrahán cree. Tiene esa experiencia .¿Qué hizo él para alcanzarla? Abrirse a la gracia, nada más que eso. Esa experiencia produce efectos milagrosos, efectivamente: da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe.
Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza
Quizás eso nos sirva de pista para saber como llegar a esa experiencia. Apoyado en la esperanza, tuvo la experiencia. Y al mismo tiempo, tuvo esa experiencia, contra toda esperanza. En el Zen se habla de la gran fe y la gran duda, cuando se practica con un koan. Tener esperanza es la gran fe. Seguir con la práctica día a día, minuto a minuto, momento a momento, eso es tener esperanza. Apoyarse en la esperanza, pues, es apoyarse en la práctica, sea cual sea. Eso es la gran fe, pero existe la gran duda. Dudar en el Zen no es malo, al contrario. La gran duda va pareja con al gran fe. E igualmente Abrahán parece haber seguido un método parecido, pues practicó contra toda esperanza.

En una palabra: Practica, no para alcanzar el kensho, pues no puedes conseguirlo por tí mismo. Practica. Solo practica. Ten fe en la práctica, aunque dudes de ella. Otros lo han conseguido antes que tú. Abrahán, fue uno de ellos. Pablo otro. Y otros menos lejanos.

Namaste

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