En medio del coronavirus

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eduardo
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Re: En medio del coronavirus

Mensaje por eduardo » 05 Abr 2020, 09:50

Buenos días,
Quizá mi comentario de ayer, no estuviera muy acertado,
Por supuesto que no pienso que estar confinado sea estar aislado completamente, y que no se usen formas virtuales de comunicación, como remedio.
Tampoco me refería en concreto, al grupo de @Daido en concreto, sino al zazen en línea, completamente respetable. Pero que no veo viable para mi.
Pero bueno ya puestos en otras cuestiones, la verdad que el confinamiento pesa, o me pesa, y la actitud ácida con la que escribí no fue demasiado correcta.
Por lo demás nada que añadir.

Daido
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Re: En medio del coronavirus

Mensaje por Daido » 05 Abr 2020, 12:24

Hola @eduardo. A mí, tu comentario no me pareció ácido en absoluto. Lo que entendí es que había en ti resistencia a compartir tu practica con otros, eso es todo. No eres el único. Aquí hay otros que lo ven como tú. Se entreve una cierta negatividad en algunos comentarios, cierto (no acidez, necesariamente). En todo caso, querría aclarar que yo no tengo ningun grupo de zen, ni fisico ni virtual, ni tengo ninguna intención de crearlo. Formo parte, sí, de una comunidad virtual que no es zen, sino de centering prayer (una práctica que tiene bastantes puntos en común con el zen, aparentemente) que se reune diariamente de 19 h a 20 h, en lo que se llama Meditation Chapel (es en inglés). Por sugerencia de Robert Lalo, uno de los creadores de Meditation Chapel, se me ofreció la posibilidad de facilitar un grupo de zen virtual, en español, cosa que estoy haciendo todavía, pero espero que no por mucho tiempo más. A mí no me va, facilitar estas cosas.

Por cierto, admites que el confinamiento te pesa, y me alegra ver que eres capaz de aceptarlo de un modo abierto. Sobre esto quizas yo entiendo algo. No tengo currículum alguno. No soy maestro zen, ni heredero dharma, ni sangha lider ni nada de nada, pero llevo 40 años practicando meditación zen, siete de ellos en una cabaña solitaria en los Pirineos. Entiendo algo de meditación, supongo. Y, sobre todo: entiendo de soledad. No es fácil llevarla, sin la motivación adecuada. Y puede ser difícil sin ayuda. Si se practica zen en soledad, es recomendable buscar ayuda y guía. Es mi consejo. Mucha suerte. Te deseo ánimo. Cuídate mucho. Estamos en tiempos difíciles.

🙏

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Roberto
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Re: En medio del coronavirus

Mensaje por Roberto » 05 Abr 2020, 15:03

Os cuelgo a continuación un texto, adecuado para estos tiempos, pero no solo. Adecuado para muchos de los avatares de nuestras vidas cotidianas, pero también para esclarecer zazen, en la medida que las palabras pueden esclarecer zazen, que es poco, pues es una práctica más allá de las palabras.

Por eso decía, ya que es un tema recurrente por este hilo -el de si se puede o no compartir la práctica- que no es un asunto de si esta se puede compartir o no, si es aconsejable o desanconsejable, si está bien o mal, sino que, desde mi punto de vista, el problema es que es estricta y esencialmente imposible. Zazen no se puede compartir, lo que se puede compartir es aquello que sobre zazen decimos, pensamos, reflexionamos, cuando no estamos haciendo zazen, antes o después de zazen.

Por eso traduje y les envié ayer a mis compañeros de zazen ese texto, ahora que no podemos vernos, darnos la mano o abrazarnos, ni sentarnos juntos en un mismo lugar, compartiendo el silencio, y charlar un rato después de zazen.

El texto es de un filosofo, Alexander Jullien, y trata sobre el abandono.

____________________________________________________________________

El abandono no es de ninguna manera resignación, sino más bien la acción de la acción en acción. Estar totalmente en aquello que soy. Nada más. A veces, especialmente cuando las cosas van mal, se querría cambiar todo en la propia vida. La determinación, en cambio, es perseverancia. Cueste lo que cueste, sigo avanzando, progreso, tal como soy. Lo que importa es dar este paso, este mismo paso. Mañana, ya veremos. Ayer, es cosa del pasado... No se trata de hacer, sino de actuar. Hacer significa fabricar cosas nuevas. Actuar es mantener los pies en la tierra y avanzar, sin querer a toda costa construir algo nuevo.

Creo que abandono y determinación van bien juntos. La determinación no significa aferrarse al futuro y decir: "Un día me curaré". No, más bien significa decir, "La curación está aquí y ahora. ¿Qué paso puedo dar para ir un poco mejor hoy, aquí y ahora?". En primer lugar, se necesita mucha determinación para tener la audacia de abandonarse... La auténtica experiencia es precisamente el heroísmo de lo cotidiano, de la banalidad: levantarse por la mañana y asombrarse de un rayo de sol que vemos todos los días, de un ruiseñor que canta a las seis y nos molesta... El heroísmo es esto: saborear la realidad en profundidad.

Según Aristóteles, la virtud se adquiere practicando la virtud. Es haciendo pequeños actos de confianza que uno se vuelve confiado. A menudo me decía a mí mismo: "Cuando tenga confianza, haré actos de confianza". La verdad es lo contrario. Es teniendo un poco de confianza en la vida cada día que, poco a poco, la confianza se revela. No se trata de importar la confianza, sino de ver que ya está en nosotros.

Creo que la determinación es conjugar el abandono con una confianza ilimitada en la vida. ¿Qué puedo hacer para protegerme de la vida? Absolutamente nada. Sin embargo, día tras día, trato de construir escudos y fachadas que me protejan de la tragedia de la existencia. La dimensión trágica de la existencia es parte de la vida. Cuando lo hayas entendido en tu interior, podrás bailar con esta tragedia sin exasperarte. Mientras tanto, se necesita mucha determinación para acercarse a ella, incluso poco a poco. Henri-Frédéric Amiel dijo: "Mil pasos hacia adelante, novecientos noventa y nueve pasos hacia atrás: eso es progreso. El deseo alienado quiere que progresemos de una vez por todas, para curar todas nuestras heridas internas. Pero esto es, sin duda, radicalmente imposible. Lo que nos salva es saber que no podemos curar nuestras heridas, pero podemos vivir con ellas, que podemos convivir con ellas sin que necesariamente haya amargura. Y la determinación quizás es, en un día de niebla, cuando no puedes ver a dos metros de distancia, seguir avanzando... "Simplemente estar ahí", "simplemente caminar un poco mejor sin hacerme cargo del deseo que me impide ser quien soy". Estoy decidido a convertirme en aquello que soy con una paciencia infinita.

A. Jollien, Abbandonarsi alla vita

Daido
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Re: En medio del coronavirus

Mensaje por Daido » 05 Abr 2020, 16:03

Si el zen no se pudiese compartir, sería inútil practicarlo. El zen debe llevarnos a compartir aquello que nos une, porque todos lo llevamos en nuestro interior, y más en momentos como el actual. Un zen que lleva a vivir en compartimentos aislados, no es verdadero zen.🙏

Carlos
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Re: En medio del coronavirus

Mensaje por Carlos » 06 Abr 2020, 12:12

@Daido , @Roberto , si me permitís el comentario, me gustaría aclarar que, si no me equivoco, cuando Roberto habla de que no se puede compartir zazen, no está diciendo que los practicantes zen no sean o no deban ser generosos o no practicar la dana paramita, sino que, en el plano absoluto en el que no se dan las separaciones de la realidad fenoménica, en el que zazen es solo zazen, nada se puede compartir, puesto que no hay nadie que comparta ni tampoco nadie que reciba lo compartido, el compartir, como cualquier otra acción que separe entre este y aquel, se desvanece.

Carlos
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Re: En medio del coronavirus

Mensaje por Carlos » 10 Abr 2020, 17:04

"No somos nosotros los que hemos hecho el cielo."
Muy bueno lo de Mariangela :) 8-)

Carlos
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Re: En medio del coronavirus

Mensaje por Carlos » 11 Abr 2020, 17:25

Quizás no se puede aprender a morir, tal como no se aprende nunca a vivir. El hecho de que suceda lo que se sabe ya no vuelve la sorpresa menos sorprendente. Pero podemos educarnos a nosotros mismos a recibir la paz que viene de la casa de Buda[...] El deseo de olvidar la muerte, en tanto que comprensible, no debe ser tratado con excesiva indulgencia. Sería oportuno y saludable si la muerte fuese sólo el fin de la vida, el fin de todo, el fin y basta ya. Ella es en cambio, al mismo tiempo, inconfundible con la vida e inseparable de ella, por lo que olvidando la muerte se olvida la vida. No olvidar la muerte no quiere decir estar pensando en la muerte, actividad a menudo funesta, cuando no inútil, quiere decir estar en concordia, morir con la muerte, vivir con la vida, ir más allá de la contradicción, atravesando la herida, porque esta es la única vía de paso.

Para el que, para profundizar, desee una posible pista, propongo la siguiente reflexión.

El esquema que viene a continuación replantea las cuatro oraciones que están en juego en esta encrucijada:

1. Si no existe Buda en la vida y muerte, no existe ni vida ni muerte.
2. Buda en la vida y la muerte significa no ilusionarse sobre vida y muerte.
3. Si en la vida y muerte existe Buda, vida y muerte no existe.
4. Si en la vida y muerte no existe Buda, no nos engañamos acerca de la vida y muerte.

La primera frase dice que si no se introduce la distinción (arbitraria) “Buda/no-Buda”, si no se dilucida una particular concepción o idea llamada Buda, si no se da lugar a esa fractura, que se origina inevitablemente en el momento en que se nombra Buda, con lo que de ello se sigue (dar realidad a "algo llamado Buda" significa implícitamente reconocer realidad a "otra cosa" que es “no-Buda”), entonces las cosas quedan como en realidad son. No hay ni vida ni muerte, porque el nuestro llamar vida a la vida y muerte a la muerte sólo depende del hecho que valoramos la vida sobre la base de la muerte y viceversa. Pero la vida no es el segundo de dos término que se confrontan en una relación de comparación, ni la muerte es el fin de la vida. El valor y el sentido de la vida está en la vida, el valor y el sentido de la muerte está en la muerte. Si por tanto no se da origen a esa ambivalencia que se produce diciendo "Buda/no-Buda" no se origina siquiera aquella ambivalencia que se origina diciendo "vida/muerte" y no existe ni vida ni muerte.

La segunda frase dice que nosotros en un cierto punto de nuestra existencia nos damos cuenta que antes o después moriremos. Empezamos a distinguir vida y muerte (aunque lo que llamamos muerte no es la muerte sino la experiencia de la muerte ajena en nuestra vida o la idea de la muerte que nosotros tenemos en vida). Esta distinción engendra la búsqueda de solucionar la contradicción inherente en el hecho de que se muere porque se nace o bien de que se nace para morir. Descubrir que dentro de esta contradicción, y no en otro lugar, hay Buda (porque no hay otro donde que este, ni otro cuando qué ahora), es decir la superación, la soldadura de la contradicción y de aquello que la desata, el descubrimiento de que aquella distinción tan razonable es en realidad engañosa.

La tercera frase (que combina la segunda premisa con la conclusión de la primera) dice que verificar que Buda está en la vida y muerte y no en un mundo, en una realidad aparte; significa el desmantelamiento del problema de la vida y de la muerte. Buda en la vida y muerte significa que toda la vida es Buda, toda la muerte es Buda. La muerte no es es el después de la vida, la vida no se convierte en muerte. La vida es todo el tiempo de vida, su principio y su después son siempre vida. La muerte es todo el tiempo de muerte, su principio y su después son siempre muerte. Esto resulta inconcebible porque nuestra valoración de vida tiene lugar a partir de un concepto de muerte que está basado precisamente sobre la vida (y no podría ser de otra manera). Así como nuestra evaluación de la muerte adviene a partir de una concepción limitada de la vida, limitada justamente por la idea de nacimiento y la muerte. Pero Buda no valora sobre la base de los conceptos, meramente vive la experiencia.

La cuarta frase (que conjuga la premisa de la primera con la conclusión de la segunda) cierra el círculo y nos dice que la medicina puede ser veneno. Esa misma idea fuerza que salva, se convierte en el obstáculo donde se tropieza si no es asimilada, disuelta y digerida de modo que se transforme en vida viviente. Quien cree en la medicina en si y no como instrumento para sanar, demuestra creer en la enfermedad más que en la curación. La enfermedad es temporal, la curación (la salud - salus - salvación) es eterna. Quien cree en Buda (el que cura, el salvador) como entidad lo cosifica y hace de este un objeto de veneración en el tiempo. Quien en cambio comprende la verdadera naturaleza de Buda (que es la suya propia) despliega Buda en la propia vida y no se engaña sobre la verdadera naturaleza de vida y muerte.

Con esta cuádruple declaración cada una de las vías de fuga se bloquea, no podemos hacer otra cosa que estar donde estamos y aquí, en nuestra vida y muerte, resolver la gran cuestión de la vida y la muerte.
:) _/\_

Carlos
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Re: En medio del coronavirus

Mensaje por Carlos » 15 Abr 2020, 22:37

"Actuar es mantener los pies en la tierra y avanzar, sin querer a toda costa construir algo nuevo."


Muy bello lo de Jollien :D

eduardo
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Re: En medio del coronavirus

Mensaje por eduardo » 16 Abr 2020, 09:29

Coincido contigo @Carlos con lo que dices, muy bello lo de Jollien, no conocía yo a este filósofo.

En cuanto a lo otro, a lo de no construir algo nuevo a toda costa, según interpreto lo que dices, es algo que he reflexionado en este tiempo, la no se, deseo social de sin vivir plenamente esta situación, las palabras sobre de alguna manera adaptarse a estos tiempos, de la misma forma, es decir haciendo lo de siempre, pero den casa.
Colgar videos domésticos, en Internet y que los grupos de wasap saquen humo.

A lis dos días de confinamiento, ya había muchas opiniones sobre la oportunidad de cambio, y sin embargo todavía no sabemos nada.

No sabemos como nos afectará psicológicamente a cada uno el confinamiento, ni en que sociedad lo haremos, que hábitos habrá que cambiar.

Ahora llevamos ya casi un mes, de confinamiento, solo se puede construir lo nuevo desde el ahora, y en relación con la realidad, no crear nuevas fantasías en el confinamiento.

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Roberto
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Re: En medio del coronavirus

Mensaje por Roberto » 28 Abr 2020, 09:20

Espero que en estos tiempos extraños exteriormente, vuestra paz interior no se haya visto alterada y que hayáis podido no olvidaros y ocuparos de vosotros mismos, única forma de ocuparse de los demás y del universo.

Cuelgo un texto, publicado en el periódico italiano La Reppublica, escrito por Enzo Bianchi, abad del monasterio de Bose. Es curioso ese monasterio, pues aun siendo cristianos, no es exclusivamente católico, sino ecuménico, residiendo allí también monjes que provienen de la tradición ortodoxa y protestante. Por otra parte parte se trata de un lugar abierto al diálogo interreligioso, incluida la tradición budista . Por ello, aunque estas palabras provengan de un entorno contemplativo cristiano, su desarrollo es neutro y pienso que son asumibles también por aquellos que nos ocupamos (¿nos ocupamos? ;) ) de encaminar nuestros pasos por la vía del budismo zen:
Más de cuarenta días de "otra vida" han pasado ya para la mayor parte de nosotros: una vida en casa, horas pasadas en unos pocos metros cuadrados y, para muchos, la soledad.

Hemos tenido que inventarnos "qué hacer". Ha habido muchas maneras de tratar de escapar del aburrimiento y de ocupar el tiempo y el espacio en el que estamos constreñidos. Estar frente al televisor, navegar por la web durante horas, trabajar en la cocina para alegrarnos con platos no habituales, dedicarnos a la limpieza y a ordenar la casa...

En estos momentos nos asalta la fiebre de la recuperación, todos preparados para empezar a trabajar de nuevo y volver, aunque sea lentamente, a la vida de antes. Pronto olvidaremos la sensación que hemos adquirido como conciencia y que quizás nos hemos repetido a nosotros mismos y a otros. Un sentimiento bien expresado por Mariangela Gualtieri [autora de una poesía que aapreció ya en este mismo hilo], con un poema que permanecerá como el canto del gallo en la hora de la toma de conciencia y del posible arrepentimiento: "Esto te quiero decír: tuvimos que parar. Lo sabíamos. Todos sentimos que lo que hacíamos era demasiado furioso".

Detenerse, morar, permanecer en la quietud es también importante, ¡"no hacer nada"! Sé que es difícil elogiar el no hacer nada en nuestra sociedad, pero tomarse el tiempo para no hacer nada no es un vicio, no es la ociosidad que se alimenta de la pereza, la desgana y la falta de vigor. No, es tiempo dedicado con intención y voluntad precisas a no hacer nada. La tradición espiritual monástica lo sabe bien: "Nihil laboriosius quam non laborare", "Nada es más cansado que no trabajar". Es un no hacer nada que es una situación fecunda. Actitud que la filosofía siempre ha investigado, desde los antiguos griegos a Cicerón, Séneca, Agustín, hasta Bertrand Russell.

"No hacer nada" significa ponerse en silencio y soledad, en primer lugar para tomar conciencia del ejercicio de nuestros sentidos y sus conexiones con lo que nos rodea. Nuestra mente se rebela entonces con sus mil pensamientos, pero debemos tener paciencia y persistir en no hacer nada, en silencio y soledad. Poco a poco se va extendiendo en nuestro interior una cierta tranquilidad, se extingue la ansiedad, empezamos a sentir que habitamos un cuerpo, que otras voces vienen de las profundidades; en efecto, descubrimos que "no hay criatura sin voz". Vemos las cosas de manera diferente, nos volvemos contemplativos, en el sentido de que miramos a las personas y las cosas con otro ojo, que a menudo olvidamos que tenemos.

No se trata de pasividad ni de evasión del compromiso, sino de la condición para asumir con responsabilidad el compromiso renovado. Al aire libre, inmersos en la naturaleza que vuelve a florecer, en un balcón, o en la penumbra de una habitación, este hacer nada es siempre posible. Se suele decir que esta actitud ayuda a vivir con uno mismo, pero la experiencia me enseña que esto ayuda sobre todo a tejer verdaderas relaciones con los demás y con el mundo. Hacer nada lleva a un pensamiento tranquilo y libre, a agudizar la inteligencia, a ejercer el discernimiento. Paul Celan profetizó: "Es hora de que el tiempo sea tiempo”. Es hora de no hacer nada.

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